Lejos del techo

Guillermo llegó a Boca como la mejor opción. Era el técnico que todos querían. El indicado. El salvador. Él y nadie más. Lo respaldaban su historia, sus títulos, sus picardías, pero sobre todo, una idolatría eterna. Su cara está en las banderas más significativas, al lado de Román y Bianchi, dos próceres de su era. […]

Guillermo llegó a Boca como la mejor opción. Era el técnico que todos querían. El indicado. El salvador. Él y nadie más. Lo respaldaban su historia, sus títulos, sus picardías, pero sobre todo, una idolatría eterna. Su cara está en las banderas más significativas, al lado de Román y Bianchi, dos próceres de su era.

Impusó un sistema táctico idéntico al que usaba en Lanus. Un 4-3-3 en el dibujo, pero con rotación, velocidad y explosión. Uno de esos equipos con los que no te querés enfrentar. Intensos, con buena posesión y manejo de pelota. Laterales que son una constante, casi como carriles que van y vienen todo el tiempo. En esa búsqueda de aceitar su idea, se cruzó con otro prócer, pero éste aún en vigencia: Carlitos Tévez. Acostumbrado a jugar detrás de un tìpico 9. Así, rápidamente tuvo que modificar de sistema para proteger su idea, y claramente, al ídolo de todos. 4-2-3-1 y ‘El Apache’ detrás del 9.

Desde que se atrevió a cambiar, el equipo de los Mellizos intentó seguir una misma línea conceptual. Manteniendo la base, buscó incorporar mejoras en distintos sectores, sobre todo en la mitad y los extremos. De lo más positivo: la capitanía de Pablo Pérez que le dio regularidad, la buena aparición de Sebastián Pérez, la prometedora levantada del 10, y lo más difícil de conseguir: la regularidad de Pavón tanto como la de Gino Peruzzi. Lo menos: la sequía de Benedetto, la falta de definición de un mediocampista fijo que acompañe a Pérez. Hasta que ahora.

Gago se recupera rápido de su lesión y parece que asoma como una fija para acompañar al ‘8’ y capitán de Boca. Así, el equipo de los Mellizos parece que sigue en etapa de construcción. Y su techo, aún queda lejos.

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