Los tiempos de Guillermo

La dura derrota contra Central obliga a repensar el ciclo del ídolo xeneize: ¿qué viene haciendo en Boca? ¿En qué le pifió? ¿Cuáles son sus aciertos?

Guillermo Barros Schelotto asumió con un equipo quebrado anímicamente, pero que, a fin de cuentas, venía de ser doble campeón en 2015. Fue piloto de tormenta para capear el aluvión de clásicos que tuvo en su inicio, acomodó lo que pudo y llegó lejos: metió a Boca entre los cuatro mejores de América. El traspié contra Independiente del Valle hizo que patee el tablero: cambió de esquema, borró referentes y trató de endilgarle su estilo agresivo y dinámico.

Sería injusto caerle a Guillermo y a muchos jugadores del plantel por fracasos anteriores. Pero la dolorosa eliminación ante Rosario Central sí pasa a ser responsabilidad del DT y del equipo que diseñó a su antojo desde aquella semifinal trunca. ¿Qué pasó? ¿Qué errores hubo? ¿Cómo se sigue?

La primera lección que debe aprender Boca es que no siempre es borrón y cuenta nueva, no puede cada derrota marcar un «fin de ciclo», como reza el lugar común. Desde su llegada al club, Guillermo pidió tiempo: lo merece por su condición de ídolo pero, más que nada, por la lógica paciencia que se debe tener para que florezca un equipo ganador. La chapa no se compra, se construye con trabajo. Aunque suene difícil para un hincha que pensaba en ganar la Libertadores 2017 antes que en buscar una victoria de visitante por el torneo doméstico, hoy Boca debe construirse desde los cimientos y eso lleva rato.

Pero dentro de ese proceso que se debe respetar, también hay críticas para el DT y el plantel. En lo que va del semestre el equipo deambuló por la irregularidad, incluso dentro de un mismo partido. El desequilibrio fue moneda corriente, con una defensa cargada de desconcentración y desconfianza, y un ataque explosivo pero que a veces peca de ineficaz. Los cambios constantes del entrenador y el ensañamiento con un doble cinco de cuestionable rendimiento conspiran contra la búsqueda de un equipo confiable.

Acomodar las piezas, poner el inodoro en el baño y la heladera en la cocina, apostar por la tranquilidad. Guillermo debe volver a las bases para serenar a Boca, para que la dura derrota con Central no tire por la borda el intento de construir por fin un equipo sólido para Boca. Hasta ahora, GBS conspira contra su propia idea de calma y trabajo.

Por @lucasg91

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