Recalculando…

Luego de la derrota contra Central por Copa Argentina, el objetivo de clasificar a la Libertadores se esfumó y Boca deberá trazar nuevos planes de acción: ahora todos los cañones apuntan al torneo local. Ante Gimnasia, el equipo tiene la chance de mostrar signos de reacción y cortar con el maleficio de visitante.

Uno de los vicios más frecuentados por el hincha es reclinarse sobre la derrota ajena. Boca padece un síndrome de conformismo que se contagió el mismo día que River descendió. Todavía se vive de aquel iluso recuerdo que aparece para proteger la decepción de turno: igual nada puede ser peor que eso. Y así pasan las frustraciones propias. Y así vemos desde lejos las alegrías ajenas. Tal vez sea hora de empezar a mirar nuestro ombligo. Porque si no lo hacemos, nadie lo va a hacer por nosotros. La histeria mediática del fin de ciclo no es la solución. Aunque tampoco lo es la pasividad de eludir reclamos y regalar ovaciones a cualquiera que se ponga la camiseta del Xeneize tres partidos. No es el escenario ideal, pero hay que sacar rédito del fracaso: un año sin copas es la posibilidad de establecer objetivos cortos y construir desde los cimientos.

¿Cuáles son los pasos a seguir después de la caída con Rosario Central por Copa Argentina? Ante todo hay que posponer los cambios profundos para diciembre. No se deben hacer evaluaciones sesudas a la marchanta y menos en tiempos tan volátiles dada la sensibilidad de la derrota reciente. En las cuestiones operativas del día a día, Guillermo tendrá que intervenir o terminará sufriendo él las consecuencias. Ya perdió la capa y los superpoderes que le otorgaba su faceta como jugador. A partir de ahora será juzgado como cualquier ser humano de carne y hueso. Y sabe que los tropiezos en Boca suelen arrastrar víctimas: fue él mismo el que le abrió la puerta de salida a Orion y el Cata Díaz luego del porrazo con Independiente del Valle.

GBS deberá reconfigurar el GPS: terminar el año lo más arriba posible en el campeonato es el objetivo inmediato. El tren de la Copa ya pasó. No debe nublar el camino para lo que viene. Hay una sencilla explicación correlativa para aliviar el dolor de la pérdida: si queremos ser los mejores del continente, primero tendremos que ser los mejores a nivel local.

Distinto es el caso de Tevez, con futuro incierto de acuerdo a sus propias declaraciones. Aún no enfrentó los micrófonos tras la derrota con Central, pero antes había deslizado un par de veces que iba a repensar su continuidad. La novela que él mismo se encargó de iniciar comienza a impacientar. Por el bien de Boca, para que el club pueda diagramar un 2017 con o sin su máximo referente, debería dejar de jugar a las escondidas, tomar una decisión y comunicarla para ahorrarnos las especulaciones.

En el horizonte aparece Gimnasia en el Bosque, pero más allá se viene una racha peligrosa para confirmar la reacción del equipo: Central en la Bombonera y clásicos ante San Lorenzo, Racing y River. Por lo pronto, el Xeneize buscará este domingo cortar una racha de casi nueve meses sin conseguir triunfos como visitante. Si se quieren asumir compromisos grandes, hay que empezar por superar objetivos cortos…

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