Chapita de líder

El encuentro ante Talleres marcará el regreso a la Bombonera después de la salida de Tevez: el Boca puntero ahora será propiedad plena de Guillermo. Vení, vení, cantá conmigo…

El regreso a la Bombonera, 91 días después de la paliza por 4-1 ante Colón, tendrá una ausencia insoslayable: Carlos Tevez no estará presente entre los 11 que salgan a la cancha para recibir a Talleres. Pasó una eternidad para poder vivir una nueva función en Brandsen 805. Las idas y venidas en AFA dilataron en exceso la reanudación del torneo. Más agua de la que debía corrió debajo del puente. Y al dolor y las heridas, es sabido, sólo los cura el paso del tiempo. Hoy la desazón es menor que en aquel 28 de diciembre del año pasado cuando el Shangai Shenhua, en irónica coincidencia con el Día de los Inocentes, anunció la llegada del Apache al fútbol chino. Su partida, sumado a la ausencia de grandes referentes en el plantel, concentró la porción de poder e influencia en manos de Guillermo Barros Schelotto.

Una fracción que sólo había estado dispuesto a compartir con Tevez. Desde su llegada, el Mellizo se diferenció rápidamente de su antecesor. El Vasco Arruabarrena optaba más por el consenso. Dividió la autoridad con Carlitos, el Cata Díaz y Orion. Y le perdonó sus desvaríos a Osvaldo. El siete bravísimo, en cambio, instauró una monarquía casi absoluta. Borró de un plumazo al ex Juventus. Y tal vez sin quererlo, cargó de responsabilidades al 1 y al 2: luego de la caída estrepitosa con Independiente del Valle, les mostró la puerta de salida a ambos.

La etapa del Mellizo con la camiseta del Xeneize es la antinomia del fútbol fugaz en el que se vive. En épocas en las que los juveniles saltan a Europa con apenas un puñado de partidos en el lomo, algunos sin siquiera llegar a debutar, él, hace no tanto tiempo, optó por extender su estadía en el club por diez años. Nunca jugó en el Viejo Continente. Pidió jugar en Reserva en 2005 para no perder ritmo cuando la llegada de Rodrigo Palacio lo tapó. No se le cayeron los anillos. Y recién se marchó en 2007 al fútbol emergente de Estados Unidos cuando vislumbró que con Miguel Angel Russo no iba a tener posibilidades. Con 16 títulos a cuestas. Sin disparar frases polémicas. Sin responsabilizar a nadie. Entendiendo que el paso del tiempo es igual para todos. Por eso, las puertas para su regreso con el buzo de DT quedaron abiertas de par en par. El pueblo no olvida a quien no lo traiciona…

Con este panorama, es sencillo comprender el porqué de semejante idilio con el hincha, que hoy sólo encuentra en él a un referente de la no tan vieja guardia. La vuelta a la Bombonera, aquel recinto en el que quedan al desnudo nuestras pasiones más primitivas, bramará por el Boca puntero. El Boca de Guillermo. También de Gustavo. La mímica le permite su merecido reconocimiento al hermano menos famoso. Ahora será: que de la mano, de los Mellizos…

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