Fuma en Pipa

Guillermo disfruta el acierto de su decisión: bancó a Benedetto cuando la mayoría le reclamaba el ingreso de Bou. El ex América respondió al voto de confianza. Ya es uno de los goleadores del campeonato.

La pasión por el fútbol en Argentina es tal que se suele decir con frecuencia que en el país existen 40 millones de técnicos. Un escaso porcentaje realmente ejerce detrás de la línea de cal. Otros tantos, la amplia mayoría, somos entrenadores de café. Y tal vez una de las grandes diferencias que separa a profesionales de amateurs es la templanza requerida como cualidad a la hora de tomar decisiones. Los que analizamos desde la tribuna o frente a la televisión nos guiamos por esos escasos noventa minutos que vemos semana a semana. Así se construyen nuestras opiniones: efímeras, fugaces, a veces difíciles de sostener en el tiempo. Cuando juzgamos nos olvidamos que son los verdaderos técnicos los que conviven todos los días con el plantel. Entonces, ¿qué opinión es más válida?

Si la pauta de Guillermo Barros Schelotto hubiese sido el veredicto de los hinchas, es probable que Darío Benedetto nunca hubiera desembarcado en Boca. Con pasos destacados por Arsenal y el fútbol de México, el currículum del Pipa encandilaba menos que el del ex delantero de la Juventus devenido en rockstar de tugurios del Conurbano. El Xeneize aprendió una doble lección. No todo lo que brilla es oro. Y a la gente hay que juzgarla después de conocerla, no antes.

Benedetto empezó su ciclo en Boca con un paso en falso: la eliminación con Independiente del Valle jugando como extremo en Ecuador e ingresando de bombero en la revancha con la serie casi liquidada. No hubo caso. No pudo extinguir un incendio que él no había creado. Luego del fracaso en la Libertadores, sumado a una sequía goleadora en el inicio del torneo, las críticas comenzaron a llover con un aditivo: los 5 millones de dólares que costó su pase suponían una mochila extra sobre sus espaldas. Como si ser el 9 titular del Xeneize no fuese suficiente responsabilidad…

La tormenta pasó. Y lo que empezó a llover fueron los goles. Quilmes, Gimnasia, Rosario Central y San Lorenzo fueron víctimas del Pipa. Despúes, una lesión lo marginó del sprint final del 2016 con superclásico incluido. Ahí arrancó otra discusión. El debate dejó de ser si Boca estuvo bien en incorporar a Benedetto. Ahora las dudas estaban en dilucidar quién debía ser titular. Si él o Walter Bou, el delantero que había llegado al club para pelearla de abajo y terminó el año vacunando al Ciclón, Racing y River.

En el verano, el hermano de Gustavo extendió su buen presente para dejar de ser, paradójicamente, apenas un verano. El ex América volvió de capa caída. Y el inicio de la competencia oficial acrecentó las dudas. Así como muchos nunca hubiesen optado por sumar al Pipa, otros tantos no titubeaban en pedir a Bou como titular.

El resto es historia conocida. Guillermo lo sostuvo a contramano de la opinión de la gente. Y Benedetto respondió con creces el voto de confianza. Hoy es líder en la tabla de goleadores del torneo local junto a Sebastián Driussi y José Sand. Y despejó las dudas sobre qué opinión es más acertada: por mucho que pataleemos, es el técnico el que suele tener razón.

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