Hacelo por vos

Luego del histórico 4-2 en el Monumental, Gago quiere terminar de torcer su historia personal ante River: eclipsado por Tevez en aquella oportunidad, Pintita va por un triunfo que sería clave para encaminar el torneo. También atiendo en casa…

“Los clásicos se juegan con la cabeza y con el corazón”, es una sentencia que oímos cientos de veces. En distintas épocas. Con diversos protagonistas. Incluso en diferentes deportes. Esta vez fue Fernando Gago quien lanzó el latiguillo, que por más gastado que esté, no pierde sustento. El fútbol está repleto de frases trilladas. Aunque en este caso particular no existen razones para desconfiar de la veracidad de las declaraciones de Pintita. Si él, que es el estereotipo del volante central elegante lo dice, la discusión parece estar terminada. Y si las palabras no convencen lo suficiente, los hechos son más concretos: salvo por el 4-2 en el Monumental en diciembre, el juego brilló por su ausencia en los últimos superclásicos.

Es cierto que River gozó de arbitrajes demasiado laxos, que colaboraron mucho para evitar cualquier intento de elaborar dos pases consecutivos. También es verdad que el nerviosismo es moneda corriente en estos encuentros. Y todo esto fue configurando el prototipo de los clásicos actuales: roce, pierna fuerte, quejas, discusiones, ansiedad, escasez de goles, condimentos frecuentes en las últimos duelos contra el eterno rival. Fue justamente Gago uno de los que más sufrió esta atmósfera contaminada. Víctima de patadas criminales, jueces cómplices e incluso compañeros que fallaron en las bravas, el 5 quedó aislado.

Gran parte de la crítica cayó sobre las espaldas del ex Real Madrid. Y a todo eso hay que sumarle las dos roturas del tendón de Aquiles enfrentando a River. Por eso, el superclásico era una de las cuentas pendientes para el volante, saldada parcialmente con el triunfo de fines del 2016 en Núñez. Pese a que no fue un partido descollante, redondeó una sólida actuación, eclipasada lógicamente por la fantástica tarde de Tevez. Hoy Carlitos no está. Y es Gago quien luce en su brazo la cinta que le cedió el Apache tras su partida. “No me gusta la palabra referente”, sostuvo Pintita, un cabecilla que no cree en los liderazgos verticales.

Desde la vereda de enfrente Fernando es tomado de punto para la burla usualmente. Lo acusan de padecer algún tipo de bloqueo mental ante River. Si después del 4-2 todavía quedan escépticos, es la oportunidad para el 5 de desterrar esos mitos infundados. Tal vez no tanto para callar voces ajenas. A palabras necias, oídos sordos dicen. Volviendo a la cuestión, es el propio Gago el que se debe a sí mismo un partido estelar en un clásico. También es el deseo de los hinchas de Boca. Se lo merece: pocos meses atrás desestimó otras ofertas porque el primer amor siempre es más fuerte.

“Pensé en retirarme”, confesó Pintita en algunas entrevistas recientes. Abatido por su segunda rotura del tendón de Aquiles, casi cuelga los botines. Más sereno con el paso del tiempo, reflexionó. No era el final que él pretendía. La pluma de su vida la tiene el propio Gago. Y él decidió seguir escribiendo su destino. El domingo, ante el mismo rival y también en la Bombonera, sería justicia poética que se repitan las lágrimas de aquella tarde con una salvedad: que esta vez sean de alegría.

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