Lo que no te mata…

Con la sangre en el ojo por la derrota en el superclásico, Boca quiere defender la punta ante Newell’s, uno de sus perseguidores, en la Bombonera. Guillermo aplica bisturí: meterá cuatro cambios, dos de ellos obligados.

Las grandes derrotas suelen venir acompañadas de posteriores modificaciones. No es un precepto inmutable. A veces los tropiezos son excepciones. Otras veces son consecuencia de una situación previa. La caída del domingo ante River es más bien la crónica de un final anunciado. Desde el empate ante Patronato en la Bombonera, el nivel de Boca viene cayendo en picada. Disimulada la ausencia de Tevez en el inicio del 2017 con valiosas victorias de visitante frente a Banfield, San Martín de San Juan y Vélez, las lesiones de Centurión y Gago fueron demasiado para la salud del equipo. Salvo por Maroni, el banco no ofreció soluciones a las carencias en ataque. En la faceta defensiva, fue el propio Guillermo Barros Schelotto quien se encerró siempre en las mismas opciones. La realidad es tan potente que hasta lo superó a él: luego de 24 fechas como titular, por primera vez Vergini irá al banco de suplentes.

El problema a resolver para el Mellizo es anticiparse a los errores para intervenir antes de que sucedan. El técnico es propenso a una secuencia que debe alterar para evitar disgustos: primero choca, después mete el volantazo. Lo demostró con Independiente del Valle. Luego de la eliminación, como quien no quiere la cosa, borró con algo de cintura al Cata Díaz y Orion. Ahora repite maniobra: después del revés con River, reconoce que la defensa no era tan buena como él creía.

Las falencias atrás eran un problema a la vista para muchos. Para casi todos. Menos para el propio Mellizo. Aislado dentro de su propia lógica, el entrenador saltó en varias oportunidades en auxilio de sus dirigidos frente a las críticas. “Son pocos los equipos que tienen menos goles en contra que nosotros”, repitió en algunas ocasiones. Es un argumento insuficiente en la boca de un técnico, que reduce cualquier tipo de análisis a una mera cuestión matemática. Pequeño detalle, River recibió más goles que Boca en este campeonato. ¿Acaso eso se notó el domingo pasado o sucedió todo lo contrario?

La frase de Guillermo sobre la defensa es una estafa intelectual que no resistió más allá de la caída en el superclásico. El técnico, por suerte, se tragó su orgullo: ante Newell’s realizará dos variantes en la retaguardia. Saldrá Vergini del equipo, el único de asistencia perfecta hasta aquí pese a ser de los más cuestionados. Tobio, que parecía vetado, volverá al 11 inicial. El otro que pagará los platos rotos será Fabra en un cambio que resulta difícil de explicar. Con la supuesta excusa de cubrir con más rudeza las espaldas de Pablo Pérez, será Silva quien lo reemplace.

Más allá de estos dos cambios de piezas, habrá otras dos modificaciones obligadas. Con la partida de Bentancur para participar del Mundial Sub 20 junto a la selección uruguaya, se decantaba el ingreso de Barrios, que había juntado méritos para luchar por un puesto. La otra variante todavía no está definida. Por un desgarro, Centurión estará al menos dos semanas afuera. Guillermo se debate entre dos esquemas y dos jugadores. Jara puede reemplazar a Ricky para plantar un 4-4-2 que dé batalla en el medio ante un Newell’s deslucido pero eficaz. O en su defecto, podría jugar Maroni en un 4-3-1-2, un dibujo más audaz con la presencia de un enlace.

El Mellizo comprendió que para mejorar hay que cambiar. “Sólo los imbéciles no cambian”, decía con sapiencia Carlos Bianchi. Hasta el agua que no se mueve, se estanca y se pudre. Al equipo, en términos futboleros, el agua justamente le llegó al cuello. Sus perseguidores están al acecho. Es hora de responder a aquellos que quieren velar al Xeneize antes de tiempo. El rival es ideal. Así lo es también el contexto. Boca recibe a su escolta Newell’s en la Bombonera con la sangre en el ojo luego de la caída en el superclásico. Lo que no te mata, te fortalece…

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