Todavía falta

Luego del desahogo por la victoria ante Independiente, por fin Boca vivió una semana de paz. Con la chance del título a la vuelta de la esquina, más que nunca hay que mantener la prudencia que otros no tuvieron.

Por más utópico que parezca, hubo un tiempo en el que en Boca reinó la paz. La victoria ante Independiente marcó un cese al fuego. Acalló las críticas de la prensa. Reconcilió el vínculo con el hincha. Mermó el aire de triunfalismo que había en la vereda de enfrente. Y fue un bálsamo para un plantel que había sufrido deslices para convivir con la presión de la punta. Esta vez el equipo de Guillermo Barros Schelotto no perdonó. Cuando las papas quemaban, el Xeneize sacó coraje en un partido chivo, bailó al Rojo (3-0), completó el póker de triunfos ante el resto de los grandes -¿se los puede llamar así?- y se escapó a cuatro puntos de River a falta de nueve por disputar.

Si los planetas se alinean, Boca podría incluso dar la vuelta olímpica en la fecha siguiente. Un triunfo ante Aldosivi, un empate o una caída de Banfield frente a Rosario Central y una derrota de River con Racing son las combinaciones que necesita para obtener el título. Apenas un dato estadístico que no debe exacerbar la confianzaEl panorama es alentador, pero la fiebre del éxito hipotético no debe nublar el camino. «El objetivo es uno sólo, no importa cuándo ni dónde sea», sostuvo con sensatez Lisandro Magallán en conferencia.

En el horizonte próximo, a la vez un poco lejano, aparece Aldosivi. La postergación del torneo por los amistosos de la Selección retrasa la dulce espera una semana. Los rumores indican que el Xeneize podría contar con público visitante en el encuentro en Mar del Plata. Sin dudas, sería un plus a favor. Aunque el Tiburón viene mostrando credenciales: se comió a Independiente en el Minella e igualó ante Racing en el Cilindro. En esta frenética definición del campeonato fueron varios los pecados de Boca para permitir que el resto se arrime. La soberbia no fue uno de ellos. Y menos debería serlo ahora. 

Dejemos que sigan siendo otros los que hablen. Que nos iban a robar el campeonato. Que no íbamos a saber donde escondernos. Mastiquemos un poco más la bronca. Hay que armarse de paciencia. Las cuentas recién se hacen al final. Y el que ríe último, ríe mejor…

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