Súper Mellizo

Guillermo ratificó su idolatría: ya convertido en héroe como jugador, ahora se consagra por primera vez como entrenador de Boca. Alcanzó a Battaglia como el más ganador en la historia del club.

«Hay que contener las emociones para que salgan las ideas», fue la frase célebre de Guillermo Barros Schelotto el día de su presentación en el banco de Boca allá por marzo de 2016. La postura del técnico era clara: su pasado de gloria con la camiseta puesta no debía interferir en sus nuevas funciones. La condición preexistente de ídolo puede conceder una tolerancia extra, beneficio que el Mellizo siempre intentó esquivar. Suprimir aquellos recuerdos parecía una tarea difícil para los hinchas. Con el tiempo, a los ojos de la gente, aquel irreverente con la siete en la espalda, con una gambeta impredecible y una lengua filosa como superpoderes, se fue convirtiendo en el tipo serio de traje y zapatos, más prudente en sus dichos. Como Clark Kent, pero al revés…

Hoy Guillermo es Superman otra vez.El eslogan de su primera exhibición como técnico del Xeneize perdió vigencia. No es el día para contener las emociones. Boca es campeón otra vez. El cuerpo técnico, que atravesó piedras en el camino, se merece esta alegría. Con aciertos y errores, nadie puede negar que el Mellizo está cortado con la tijera del Xeneize. Está hecho a la medida del club. Es un ganador nato. Y no hace falta más que remontarse a las estadísticas para comprobarlo: con este título, alcanzó a Sebastián Battaglia como el máximo ganador en la historia del club con 17 consagraciones.

El reinado de Guillermo fue intenso pese a que sólo acumula poco más de un año en el cargo. Demostró autoridad desde un principio. Pisó fuerte. A veces demasiado. No le tembló el pulso para borrar a Osvaldo. Capeó tormentas. Llegó a semifinales de la Libertadores a los tumbos. Lo sorprendió la Cenicienta. Pateó el tablero. Les mostró la puerta de salida a Orion y el Cata Díaz. Pidió varios refuerzos. Apostó por algunos. Relegó a otros. Se despidió de la Copa Argentina. Resurgió. Encontró el equipo. Ganó tres clásicos seguidos. Hizo cuatro en el Monumental. Su figura se fue a China. Comenzó el 2017 desfilando. Luego tropezó. Y tropezó otra vez. Y cuando muchos vaticinaban su caída se levantó, se levantó. Se escapó de nuevo. Aniquiló las chances de River. Y gritó campeón…

Tenemos una certeza en el banco. Podemos apostar a largo plazo. Héroe como jugador, este título debe ser el puntapié para construir el mito de Guillermo como entrenador. Parece que no existe criptonita contra el Mellizo. O al menos nadie la encontró todavía…

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