Una cuestión de piel

Capitán, líder para el grupo, de Inferiores, bostero de pibe y con dos ciclos en el club, Gago ganó su octavo título en Boca. Dueño de un estilo refinado, siempre recibe críticas. ¿Qué tiene para dar todavía Fernando?

¿Cuántos jugadores del fútbol argentino actual podrían soñar con jugar 124 partidos en la Primera del Real Madrid? Hay uno que los tiene: Fernando Gago. Gago, además, cuenta con 176 encuentros oficiales en Boca, ocho títulos, dos ciclos y una vida entera ligada al club, como hincha desde nene y como jugador ya en Inferiores. Fernando volvió a levantar un trofeo con la camiseta azul y oro, esta vez como capitán. De técnica incuestionable y de carrera envidiable, suele castigárselo en vez de valorarlo y cuidarlo como emblema de la institución. ¿Por qué?

La calidad de Gago es indiscutible: hay poquísimos jugadores en el fútbol local con su jerarquía. En este torneo volvió a demostrarla, siendo vital en el cierre del 2016 en aquella racha de clásicos donde Boca tomó la punta del torneo y no la soltó más. Cumplió también en el final del campeonato, con una actuación descollante ante Aldosivi en el partido que prácticamente selló el título. Dentro del grupo, no hay dudas: Guillermo lo tiene como pieza clave y sus compañeros, enamorados de su perfil bajo y de su capacidad de escuchar al resto, lo erigieron como líder, le guste a quien le guste.

Las críticas de cierta parte de la gente, amén de la ovación de la Bombonera en los festejos contra Unión, proviene de que, ciertamente, Gago no es el perfil de volante central de Boca. No es Serna, no es Rattín, mucho menos es Giunta. Gago es otra cosa, y pedirle que corra al ocho rival para tirársele a los pies es erróneo. El hincha, desilusionado por la actitud de Boca en algún que otro momento, suele agarrársela con el capitán: su trotecito característico, gane o pierda el equipo, es motivo de bronca. Pero quizá sea que él no está para eso.

La entrada de Wilmar Barrios revitalizó de mística a Boca. Pero, además, también liberó a Gago de ser el motor de la actitud del equipo: Fernando está para tocar, para hilvanar las jugadas desde el comienzo. Es casi un actor de reparto, silencioso… Pero con una técnica de estrella. Al equipo le alcanza con que Gago juegue seis, siete puntos: es el director de la orquesta. Pero ojo: necesita buenos intérpretes, incluso algunos que rompan el molde, como Benedetto, como Centurión.

Boca no puede darse el lujo de desaprovechar a Gago, un jugador tan identificado con el club y con semejante categoría. Y dentro de ese posible desaprovechamiento entra la parte de cargarle responsabilidades extras: no debe ser el abanderado de la actitud, no debe ser el emblema del huevohuevohuevo, no debe ser tampoco quien decida los partidos y en las zonas calientes. Gago debe ser el primer pasador: no hay uno mejor que él para ese rol en el país. Debe ser el inicio de un Boca que busca llegar prolijo al arco rival. Con 31 años, todavía sigue teniendo cuerda para que algunos hinchas aprendan de una vez por todas las enormes virtudes que tiene.

Por @lucasg91

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