Lo que no quisiste ser

Ricardo Centurión, finalmente, no jugará en Boca: tras un nuevo escándalo el volante, que había vuelto de Italia para firmar, prefirió seguir su vida sin privaciones. Crónica de un ídolo que no fue.

Se juega como se vive, y Ricardo Centurión juega y vive libre. Juega atrevido, desafiante, encarador, con gambeta, con picardía. Vive así también, a su manera: sin esconderse, poniendo fuerte una y otra vez, sin dejar que nadie le diga qué no puede hacer. No respeta reglas, no se esfuerza por caer bien. Y Boca, un día, se cansó de su faceta de Far West y hasta se habló de ponerle cláusulas a su contrato: el resultado no podía ser otro que el alejamiento de Ricky, el último rebelde.

Le hizo un gol a River en el Monumental, metió ocho tantos en un torneo (máxima marca en su carrera), dio asistencias, bailó cumbia en los festejos, tiró bicicletas ante cada uno de los rivales de turno; salió campeón. Centurión vivió un año futbolístico impecable, apenas empañado por tres lesiones (dos musculares) que no hicieron más que demostrar con lo que lo extrañó el equipo lo mucho que hacía falta. Guillermo Barros Schelotto se encariñó con él, disfrutó de su aporte y pidió su continuidad. La gente, sin terminar de ovacionarlo, sabía que en él asomaba un proyecto de ídolo: bostero, picante, de barro y de potrero. La 10 le quedaba pintada.

«Jugador de Boca sos las 24 horas del día», explicó Guillermo en una de las millones de conferencias en las que le preguntaron por la vida y obra de Centurión. Los «escándalos» fueron de un extremo al otro: una riña en un boliche que se contaba como una campal, fotos privadas posando con armas que lo vendieron como pistolero, un choque sin heridos en la madrugada, una grave denuncia de violencia de género de una ex pareja… Ricky no dejó casillero sin llenar en la noche del Conurbano. Desprolijo, sin guardarse, con sorpresas: se vive como se juega.

Pero estamos grandes y no todo es un juego: Boca dijo basta. El club estaba dispuesto a poner más de siete millones de dólares por su pase hasta que, el mismo fin de semana en que se acercaba su firma, Centurión salió a bailar a un poco glamoroso boliche de Avenida Pavón, de esos que te sofocan entre el humo de cigarrillo y la transpiración de la gente, de las filas interminables en el baño de mujeres, de la consumisión obligatoria para salir y del DNI no tan obligatorio. Mientras Boca rompía el chanchito para comprarle el pase, Centurión ya gastaba a cuenta a la vista de todo Zona Sur y terminó la noche en medio de agresiones.

Nadie duda de las ganas de Ricky de jugar en Boca: se volvió de Italia ya con el contrato listo para quedarse en Genoa, en la costa del Mar de Liguria. Los tanos quedaron sorprendidos de la huída de Centurión, que volvió corriendo para firmar en Brandsen 805. Pero antes de sellar su continuidad con la 10 azul y oro, Centu quiso festejar de la única manera que sabe hacerlo: tras un pasado lleno de privaciones económicas, en el presente abundante que tiene no acepta un no como respuesta. Boca quiso ponerle un freno, pero a Centurión no lo para nadie. Tanto en la vida como en la cancha.

Por @lucasg91

Comentarios

  1. triste final pero se lo gano solo ahora havria q ver por que le pinta ser como es no?
    me refiero a q macho estas jugando en boca y te pinta el bardo el kilombo la violencia de genero por que no haces las cosas bien para q nadie dudede vos?

    en racin hiso lo mismo en san pablo la gente sabia que iba al boliche a romperse FLACO Q TENS EN LA CABZA?
    boca perdió a su diez (tevez) pero tenia a centu (uso la 10) pero es un pibe q esta mal de la cabeza y q asi n puded jugar en la primer d boca.

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