Caer y levantarse

Gago se rompió los ligamentos en la Bombonera y al hincha de Boca se le estrujó el alma. Para el volante es una prueba más en una vida cargada de tropezones. Fuerza, capitán.

«Mi viejo se levantaba a las 4 de la mañana y no llegaba a mi casa hasta las 9 de la noche por un sueldo que no era nada, porque había que darle de comer a ocho personas. Eso es tener presión, esa era presión de verdad».

Fernando Gago, a diferencia de los que muchos creen, no nació en cuna de oro: el ejemplo del esfuerzo y de la lucha lo mamó desde pibe viendo a su viejo en Ciudadela. No es quizá un obrero dentro de la cancha, donde se dedica más a los detalles, a las pinceladas, casi que a los artículos de lujo en la construcción de sus equipos, pero en toda su vida supo levantarse a cada traspié.

Arrancó con todo en Boca, siendo figura del equipo multicampeón de Alfio Basile y sumando cinco estrellas en su palmarés, pero se fue entre miradas de reojo por rumores infundados tras la final perdida con Estudiantes en 2006.

Partió al Real Madrid, se lo comparó con un ídolo madridista como Fernando Redondo, jugó más de 100 partidos aunque no terminó de asentarse. Usó otras camisetas europeas importantes como las de Valencia o de Roma, pero debió volver al país para de nuevo reimpulsar su carrera.

En la Selección también le quedó medio vaso vacío: gran nivel de a ratos, sindicado como socio de Leo Messi, no pudo coronar -como el resto de esta generación- buenos torneos con un título.

Su vuelta a Boca tuvo de todo: retorno estelar en los primeros partidos con Carlos Bianchi, desgarros, decepciones en los clásicos, títulos con Rodolfo Arruabarrena de DT, dos lesiones durísimas en el tendón de Aquiles -ambas en superclásicos-, otro campeonato local ahora con Guillermo Barros Schelotto que lo terminó de reconciliar con la gente. Esta temporada había empezado con un Gago otra vez figura, otra vez capitán, otra vez referente.

«Pasaron muchas cosas por mi cabeza hasta que me di cuenta de que no podía renunciar: decidí darle el ejemplo a mis hijos de que tienen que luchar por las cosas», confesó Fernando tras recuperarse de su segunda rotura del Aquiles. Otra vez tiene una prueba por delante. Otra vez tiene la chance de demostrar ese ejemplo de pelea que lleva intrínseco en su apellido.

Por @lucasg91

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