Golpe de gracia

Al Xeneize se le presenta una oportunidad única este domingo en el Monumental: puede tumbar a River, dejarlo relegado en el torneo y sin Copa. «El empate es malo», sostiene un Guillermo entusiasta. ¿De qué se van a disfrazar, Muñeco?

La previa del superclásico de este domingo presenta un escenario atípico en los últimos años: esta vez será Boca quien llegue de banca. Parecía que River iba a sobrar el partido, enfocado en la final de la Libertadores, pero no fue así. Lanús le pegó un trompazo, revirtió un 3-0 en contra en 45 minutos y dejó groggy al equipo de Gallardo que vivió su propia pesadilla en la noche de Halloween. Camuflado por el llanto en torno al VAR, en Núñez pretenden tapar lo que fue un papelón. Y por si fuera poco, intentando dejar en el olvido las contribuciones arbitrales recibidas en los últimos tiempos. No es una actitud que asombre. El discurso del Millonario suele ser bastante mitómano. Cuando me conviene, el speech dice que importan las Copas. Y cuando no, importan los títulos locales. Ahora podrían quedarse sin nada: ¿de qué se van a disfrazar, Muñeco?

Repasando los últimos encuentros, el Xeneize llegó de punto al superclásico en el Monumental en 2014. El célebre día en que la maldita lluvia evitó una supuesta goleada en favor de River. El resultado fue igualdad 1-1. Magallán, quien volverá a disputar un clásico desde aquel este domingo, anotó el tanto de la visita. La misma jornada en la Vigliano sancionó un penal fantasma para el local por una mano inexistente de Gago, que encima se fue expulsado. Qué se le va a hacer, eran épocas en que no existía el VAR. También con el Vasco en el banco, Boca arribó a Núñez en septiembre de 2015 en una situación límite. Luego de perder la punta en la fecha anterior ante San Lorenzo, el Millonario, que venía dulce tras obtener la Libertadores, se relamía con darle la estocada final a Arruabarrena. El tiro le salió por la culata: Lodeiro anotó el gol del triunfo por 1-0, el Xeneize recuperó el liderazgo y se consagró campeón un par de fechas más tarde.

Con Guillermo a las órdenes, la situación se repitió en varias oportunidades. En su segundo partido al mando, con un equipo que no le hacía un gol ni al arcoíris, Boca rescató un 0-0 en Núñez en marzo de 2016. Para fin de año, el Xeneize visitó el Monumental por el torneo anterior. Venía de ser eliminado por Rosario Central de la Copa Argentina y pese a que luchaba arriba en el campeonato, una derrota podría haber sido un golpe de nocaut. Pero otra vez River se quedó con las ganas. Con una magnífica actuación de Tevez, Boca se impuso por 4-2 y agarró la punta para no largarla nunca más. La excusa en la otra vereda fue que la final de la Copa Argentina era un evento más importante porque otorgaba un ticket a la Libertadores. Visto en retrospectiva, parece que no sirvió de tanto…

Sin embargo, hubo momentos de zozobra en el camino al título. El equipo empezó a trastabillar mientras que los de Gallardo levantaban vuelo. Sí, se podría decir que, «suplemento contaminado» de por medio, literalmente volaban en cancha. El Xeneize comenzaba a poner en riesgo el liderazgo y el clásico en la Bombonera se avecinaba. La derrota por 3-1 ante River marcó a posteriori el punto de la remontada de Boca, que se repuso y consiguió el título.

Gallardo, en la misa que suele dar los viernes en Ezeiza o Núñez, sostuvo que lo mejor que le puede pasar a su equipo en este momento es enfrentar al Xeneize. Será cuestión de demostrarle lo contrario: hay que dejarlos sin el pan y sin la torta, sin la Copa y sin torneo. 

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