Con nombres propios

Una hincha le escribió a MuyBoca para poner en palabras el sentir de buena parte de la tribuna: Guillermo logró en 2017 que el equipo se haga querer. De Benedetto a Jara, de Gago a Pavón, la gente empieza a sentirse identificada con el plantel. ¿Qué apellido estamparías hoy en la camiseta?

Por Valentina Campanelli

Creo que nos pasa a todos: si vemos una camiseta de Boca, sonreímos. No importa dónde estemos, qué estemos pensando, quién tenga puesta la camiseta. Sentimos ese calor, ese sentimiento de hogar, de complicidad, incluso cuando la otra persona no nos vio. Sonreímos y son 5 segundos en el que aquel pensamiento que no nos dejaba alegrarnos antes no existe más. Ese apuro no está, ese examen ya no te preocupa, ese trabajo de repente no te angustia. Esa sensación —que yo llamo felicidad— la genera eso: ver una camiseta de Boca. Algo tan simple y tan cotidiano, porque por lo general pasa más de una vez al día, como ver una camiseta de nuestro Boca caminando, orgullosa.

A mí ya no me pasa tanto, por razones lógicas -vivo en el exterior-, pero la felicidad que siento cuando veo una es dos veces mayor. Y eso me pasó ayer. Caminaba por la calle y veo venir de frente una familia con dos chicos, ambos con el último diseño. Sonrío. Es automático, un reflejo. Estando tan lejos, de repente me siento un poco en casa. Cuando finalmente me pasan, miro para atrás y leo “Benedetto” abajo de un 9 en la espalda del primero y “Gago” abajo de un 5 en la espalda del otro. Sonreí un poquito más. Algunas horas después un amigo muestra feliz en un grupo de chat su camiseta con el 16 de Wilmar Barrios y de repente algo que venía pensando toma forma.

Hace rato venía tratando de ponerle palabras a lo que yo considero el mayor logro de Guillermo desde que llegó, pero no me salía. Y definitivamente no es el título. Pero recién en ese momento se me hizo claro: Guillermo formó un equipo que se hizo querer por el hincha. Una pequeña cuna de ídolos, me animo a decir, si todo sigue su curso lógico. Las tres camisetas en menos de unas pocas horas con tres nombres distintos clarificaron un concepto que se hacía cada día más difícil de explicar. Si hoy yo tengo que comprarme una camiseta y ponerle el nombre de un jugador, pasaría un rato largo debatiéndome a quién quiero en mi espalda.

Eso hace años no pasaba en Boca. Los equipos eran liderados por uno (Carlitos, Román un poco antes) y los demás se acoplaban como actores de reparto. Nadie les robaba ni un poco del protagonismo. Hoy, es verdad, Tevez no está, pero eso -creo yo- favoreció este proceso de encariñamiento e identificación con el equipo. Supieron sortear la ida de la estrella, cuando mejor estaba jugando y cuando el equipo, parecía, dependía casi exclusivamente de él. Nos mostraron una y otra vez a muchos hinchas testarudos que ellos sí podían sin Carlitos, que podían ponerse la camiseta, ganar las difíciles, salir campeones. El hincha es cabeza dura, pero no es tonto. A la larga incluso Pablo Pérez, un jugador mucho más bancado por el DT que por la tribuna, supo ganarse el corazón del hincha y no me sorprendería ver camisetas con el 8 merodeando La Boca. Así como no me sorprendería ver camisetas con la 3 de Fabra, un lateral tan hábil como simpático que tardó menos de un partido en hacerse querer; o la 2 de Goltz, quien todavía no cumple 6 meses en el club pero se adueñó de un puesto que se sortea desde que se retiró nuestro último gran central, allá en 2012 y tiene todas y cada una de las características que los hinchas de Boca buscamos y admiramos.

Tampoco me extrañaría ver la 29 de Jara, otro que nos solucionó uno de los mayores dolores de cabeza en los últimos años: la banda derecha. Se bancó experimentos y cambios de puesto —en los que casi siempre cumpió— y terminó convenciendo a todos de que el puesto tiene que ser suyo. Mucho menos me llamaría la atención ver la 7 de Pavón, un chico de 21 años con casi tres temporadas en la Primera de Boca, con goles a River, goles en Copa y convocatoria a la Selección. De esos que ya extrañamos sin que se haya ido. Y por supuesto, en este equipo Gago, Wilmar y el Pipa son nuestros tres estandartes. Los que hacen explotar el aplausómetro antes de cada partido, los tres que jamás sacaríamos del equipo, los que ganan partidos.

Estamos a unos meses de arrancar una de las Copas más esperadas de los últimos años, nuestra debilidad, nuestra “obsesión.” Mantener estos nombres que nos generan esta identificación, este orgullo, es el primer paso si queremos que “pasen cosas lindas”, como diría un gran amigo mío. Durante años fuimos a ver a Boca porque así nos enseñaron, pero no para ver a los jugadores. Íbamos a ver la camiseta. Es lindo, hoy, poder ir a ver a estos jugadores vistiendo esta camiseta. La entrada parece más barata, el cansancio se hace más llevadero y el pecho se nos infla un poquito más.

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