Aplomado

Boca despide un gran año con certezas para el 2018: tiene un técnico capaz, un plantel a la altura y una dirigencia que parece haber corregido viejos vicios. La ilusión por la Libertadores, el máximo anhelo del Xeneize, tiene sustento…

Un año nuevo, más por una cuestión de fe que de razón, genera ilusiones. A veces vienen acompañadas de algún tipo de sustento. Y en otras ocasiones no tanto. La sensación entre los bosteros es que este 2018 que se avecina será especial. Sí, para soñar en grande. Porque razones para confiar sobran. Esta temporada que pasó sirvió para asentarnos. Descubrimos que Guillermo puede mutar de atuendo: ya fue héroe con la 7 en la espalda de capa y ahora lo es de traje. Nos volvimos a encariñar, como hace mucho no pasaba, con varios jugadores del plantel. Recompusimos la relación con Gago. Rugimos con los quites de Barrios. Valoramos la agresividad pero también el sacrificio de Pavón. Y deliramos con los goles de Benedetto…

La impresión, a excepción de lo sucedido con algunas trágicas lesiones, es que casi todo ha salido bien este año. Incluso, hasta la dirigencia, muchas veces denostada con justa razón, puede colgarse su medalla. También son parte del éxito colectivo. Darle banca a Guillermo, un entrenador con credenciales. Acertar, en sintonía con el técnico, en los refuerzos son cuestiones que diferencian al club de años anteriores. El mercado de pases actual, con el diario del viernes, es una muestra de dicho cambio. Buffarini, Wanchope y Mas -en caso de que llegue-, son jugadores probados.

El fútbol carece de lógica total. Sin embargo, aunque no sea una ciencia, sí goza de un cierto sentido común. Aunque no se pueda vaticinar con certeza que el 2018 será un éxito para Boca, los indicios para ilusionarse están a la vista. Este año nuevo la ilusión no es una mera cuestión de energías renovadas. La fe, en esta ocasión, tiene su sustento en la razón. Y la expectativa tiene nombre: el máximo desafío será la Libertadores, el gran idilio del Xeneize.

Ojo, además de la Copa, Boca empezará el año como puntero, de la misma forma que transcurrió todo el 2017, e intentará retener la corona. También estará la Supercopa frente a River. Y más tarde el inicio de la Copa Argentina. Con tanta competencia, Guillermo hace una buena lectura del paño con los refuerzos que solicita. La idea del Mellizo, parece ser, es tener dos jugadores de nivel por puesto. Buffarini viene a competir con Jara. Una vez que se recupere Benedetto, la lucha con Wanchope promete ser titánica. Mas llegaría para que Fabra no se relaje. Y la danza de nombres sigue con la búsqueda de un central. La frutilla del postre podría ser el regreso de Tevez, con la sangre en el ojo luego de las críticas, lógicas es cierto, que recibió por su salida a China.

El 2017, de los mejores años de la década para Boca, está a punto de concluir. Cuando brindemos, seas más o menos creyente, unámonos en un mismo deseo. Para que la razón, que ha dado sobradas pruebas para ilusionarse, esté acompañada de la fe. Y como si de una profecía se tratase: que la 7 llegue de la mano del 7. 

 

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