Lágrimas de impotencia

Boca lleva más de 430 días punteros y el resto del país habla de una confabulación nacional. Análisis de un llanto que tiene como objetivo la Supercopa.

Empezó un desesperado Marcelo Gallardo con el padrinazgo del histérico Rodolfo D’Onofrio. Siguió San Lorenzo, siempre pendiente de Boca, con el llanto de Marcelo Tinelli (valiente en los micrófonos y cobarde para huir de la dirigencia) y de jugadores con cuentas abultadas por las arcas xeneizes como Matías Caruzzo o Fabricio Coloccini. Es ya una pandemia: a cada cancha que va e irá Boca de visitante el hincha rival gritará y pataleará ante cada jugada dividida. Hasta un hincha de Platense se metió en la discusión, dejando de lado por un momento las formaciones de adversarios como UAI Urquiza, Acassusso o Fénix.

Siempre le han puesto peros a Boca. La suerte o “el celular de Dios” a un equipo que les ganó al Real Madrid, Milan, Palmeiras, Santos, Vasco da Gama, etc. “Nunca nos vamos a olvidar” del mal juego del puntero azul y oro de la A en contraposición al glamour francés rojiblanco de la BN. Al Boca de Lorenzo le exigían dopings… Esta vez parecen haber ido demasiado lejos.

Boca lleva, al miércoles 21 de febrero de 2018, 437 días puntero del fútbol argentino. Fue campeón y marcha a nueve puntos de diferencia en este torneo, sacándole 21 al tradicional rival y siendo el equipo más goleador y menos goleado. Le metió seis goles a River, cinco a Racing, tres a Independiente y tres a San Lorenzo; recibió nueve, sumando una diferencia de +8 a favor. Ganó en San Juan, Lanús, Banfield, Liniers, La Plata, Quilmes, Paraná… Tiene once jugadores con pasado y/o presente de Selección: Más, Buffarini, Fabra, Gago, Barrios, Nández, los dos Pérez, Cardona, Tevez y Benedetto. Roberto Fontanarrosa habló alguna vez de la necesidad de usar las malas palabras y esta es una de esas ocasiones: pensar que los posibles títulos del plantel dependen de un complot inter gubernamental es, como mínimo, una tremenda pelotudez.

El ataque masivo, ridículo y sin fundamentos nace de la impotencia de ver a Boca jugar bárbaro, bien y mal, pero verlo siempre ganar. Se refuerza porque, en un mes, se disputará la Supercopa: desde fines de 2015 que Mauricio Macri preside la Nación y nunca se había escuchado a Gallardo nombrarlo. Menos que menos a la dirigencia, con buenísimos nexos con gente del riñón PRO como Diego Santilli o Rogelio Frigerio. Por un lado se busca presionar a los árbitros; por el otro, que un posible éxito xeneize quede minimizado por las suspicacias.

Todo este combo fogoneado desde Núñez y repetido en clubes aún menores desemboca en un contexto de desmerecimiento al equipo y de persecución al hincha: parece hasta un problema ético que alguien sea de Boca. Lástima: nos importa una mierda, si nos permite el desliz Fontanarrosa nuevamente. Seguiremos siendo de Boca y reproduciendo hijos de Boca que serán la inmensa mayoría, como con Macri, con Perón, con los militares y con quien quiera que sea presidente.

Por @lucasg91

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