Obligado

Luego de la dura derrota con River, el Xeneize viaja a Tucumán presionado para sostener su liderazgo. El plantel debe canalizar este momento, Guillermo reparar sus errores y Angelici dejar de tirar en contra para salir a flote.

Boca lo hizo otra vez. La frase que hace años tenía una connotación distinta, que apelaba a la épica, a ganar «a lo Boca» y mostrar carácter en la brava, hoy parece haberse revertido. Tan sólo 90 minutos le bastaron al Xeneize para instalar la duda en un ciclo que parecía casi impecable. Y para revivir a un rival que estaba a un paso del abismo. En vez de empujarlos, les dimos una mano. La derrota con River desvaloriza el récord de más de 450 días punteros. Duele. Pero sería de necios no reconocerlo. El ciclo Guillermo había logrado domar la escena del fútbol local con una sorpresiva holgura. Incluso ostenta una estadística ampliamente superior en clásicos. El déficit estaba en las llaves mano a mano. Y sigue estando: ¿hasta cuándo?

Es difícil decirlo con precisión porque la respuesta recién estará en el segundo semestre si Boca avanza a octavos de la Libertadores. Sin embargo, las declaraciones del técnico post Supercopa no son demasiado alentadoras. Carente de plan B. Sin un 9 definido ante una defensa que venía sufriendo horrores a cualquier matungo que tuviera enfrente. Planteando de la misma forma una final que un partido de torneo. Y para colmo Tevez, líder del equipo y de pésima actuación ante River, osa mandar en cana a sus compañeros. ¿Habrá aprendido de Angelici? Así parece un milagro ver luz verde en la Copa. Y el torneo termina convirtiéndose en una obligación.

Por lo pronto, un triunfo en Tucumán ante Atlético podría ser un bálsamo. No más que eso. La herida seguirá abierta. Pero en el fútbol, como en la vida, hay que seguir, ponerle el pecho a las balas y confiar en que mejores tiempos vendrán. Si antes de la final la mitad menos uno del país estaba expectante por una derrota del Xeneize, ahora más que nunca nos estarán esperando con cuchillo y tenedor. Hay que reaccionar rápido. Nada de poner la otra mejilla. Ya bastante nos han mojado la oreja…

Volviendo al encuentro del domingo ante el Decano, el equipo sufrirá un par de variantes obligadas. Fabra y Cardona, los colombianos que estuvieron de cumpleaños en Mendoza, serán reemplazados por Mas y Wanchope debido a que llegaron a cinco amarillas. La formación también sufriría retoques -habemus 9- y sería un 4-3-1-2 con: Rossi; Jara, Goltz, Magallán, Fabra; Nández, Barrios, Pablo Pérez; Tevez; Pavón y Abila.

Párrafo aparte para la dirigencia. Bueno, en realidad para Angelici sólo sería lo mismo. El presidente suele aglutinar las decisiones del club con estilo monárquico. El resto apenas calla. Y levanta la mano. El Tano vuelve a fallar. Bravuconea al plantel, debilita la autoridad del técnico, botonea su accionar ante los periodistas y sólo logra agitar todavía más las aguas. Vaya forma de liderazgo. Si su intención era lavarse las manos de la derrota, no hace más que conseguir lo contrario: expone más al resto y se expone él también. Podrá ser muy macho para carajear al plantel. Pero después, cuando realmente tiene que golpear la mesa, D’Onofrio, viejo zorro, se lo vive fumando en pipa…

Ni el Esto es Boca de Tevez. Ni el matar o morir de Guillermo. Ninguno se vio este miércoles. Llegó la hora de que el Xeneize deje de morir. Y empiece a matar. Hay que levantar cabeza, asegurar el torneo, aprender de los errores y recuperar el ojo de tigre para la Libertadores. ¿Estamos a tiempo?

 

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