A todo o nada

Boca vivirá una final anticipada ante Junior este miércoles en Barranquilla: una derrota lo dejaría afuera de la Libertadores. El Xeneize, que en ediciones pasadas de la Copa ha sabido pasar sobre el filo, no tiene margen de error.

Mucho tiempo antes de lo esperado, Boca deberá disputar una verdadera final en la fase de grupos de la Libertadores. Aquel empate en Lima se terminó por pagar tres fechas más tarde. Junior cumplió con el trámite frente a Alianza tanto en Perú como en Colombia. Y el Xeneize, lejos del oficio que mostró en San Pablo, fue un manojo de nervios ante Palmeiras en la Bombonera. Si bien dominó por varios momento el encuentro, otra vez los goles del rival fueron más producto de desatenciones propias que méritos ajenos. Sumado a la falta de eficacia de los delanteros y virtudes del arquero rival, el 0-2 dejó al equipo de Guillermo al borde del abismo. Ahora deberá ir a jugarse a todo o nada en Barranquilla…

¿Qué necesita al Xeneize para pasar de fase? Con un triunfo quedará casi depositado en octavos. Superaría a Junior por dos unidades. Y recibiría a Alianza Lima, el más débil del grupo y eliminado, en la Bombonera. El empate dejaría a Boca un punto por detrás de los colombianos, quienes visitarán a Palmeiras en la última fecha. Si se da la lógica, sin nada raro de por medio, un triunfo ante los peruanos debería ser suficiente. El panorama más desalentador, una derrota, relegaría al conjunto del Mellizo de los octavos de la Libertadores.

No es la primera vez que el Xeneize disputa las últimas fechas de la fase de grupos con calculadora en mano. En 2007, en la última jornada, debía golear por tres goles de diferencia a Bolívar para no depender de nadie. Fue 7-0 en cancha de Vélez. Y meses más tarde fue campeón de la mano de un Riquelme colosal. Un año después, en 2008, necesitaba cinco goles de distancia ante Maracaibo en la Bombonera para garantizar el pase a octavos sin estar pegado a la radio. Finalmente fue 3-0 pero el resultado entre Colo-Colo y Atlas (1-1) le jugó a favor. Luego, otra vez Boca llegó lejos: recién cayó en semifinales ante Fluminense.

Está claro que Junior no es un cuco. Incluso en estos días se habla más de cuestiones climáticas como condicionante en contra del Xeneize que de los méritos del equipo rival. Que los tiene pese a que se ha mostrado tímido en la Bombonera. Sin embargo, con la experiencia del 0-0 en Lima, Boca no se puede dar el lujo de subestimar a nadie. El equipo, por lo pronto, sigue mostrando falencias en este tipo de encuentros. Aún le falta el oficio necesario para este tipo de competencias. La sensación, como se vio ante Palmeiras, es que vende demasiado baratas las derrotas en situaciones límite. Es el mejor, sin dudas, en el largo plazo. Pero la Copa tiene una lógica distinta: el costo de un error es mucho más alto.

Suceda lo que suceda, habrá que rever cuestiones a mitad de año. Boca se preparó, en teoría, más de un año para su regreso a la Libertadores. Sin embargo, parece que no ha aprendido demasiado de Independiente del Valle al día de hoy. Si la fórmula era rezarle a las estampitas de Gago y Benedetto, este método está a un paso de fallar. Y Tevez, su supuesto líder actual, cada vez va despintando un poco más la foto del Tevez que supo ser. El partido del miércoles, para bien o para mal, terminará por marcar el semestre más allá de lo que pase en el desenlace del torneo local.

 

 

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