Dientes apretados

Boca parece haber encontrado la fórmula ante Cruzeiro y ahora recibirá a River para intentar cerrar una semana ideal. El Xeneize mostró oficio en la Copa: si el árbitro no intercede en contra otra vez, ¿lo podrá revalidar en el superclásico?

La derrota en la Supercopa de marzo significó un aplazo para el ciclo de Guillermo en la tan mentada materia de los «partidos decisivos». Una cátedra que no iba a tener revancha en lo inmediato. Y que recién se iba a poder recursar en el segundo semestre. Luego de la durísima caída, en la que otra vez los de silbato nos tiraron a matar con un penalcito en contra y obviando uno a favor, Boca se recompuso a medias. Quedó un poco groggy, pero a puro 7, con un par de 4 de por medio y muy pocos 9 o 10, fue aprobando exámenes, sorteando el torneo y la fase de grupos de la Libertadores. Así cerró el semestre con una mueca de alegría: fue bicampeón de la Superliga y pasó con el corazón en la garganta a octavos de la Copa.

La sensación, sin embargo, era que difícilmente esta producción iba a ser suficiente en la Libertadores. El mercado sirvió para ajustar algunas tuercas flojas. Izquierdoz apareció para darle firmeza a la defensa. En la misma tónica, llegó Andrada, un guerrero que hoy está en reposo. Zárate vino para ser el salto de calidad en el ataque. Así, las piezas empezaron a encajar mejor y hoy Boca parece más sobrio. Mejor plantado para las duras batallas que propone la Copa. Quedó demostrado el miércoles ante Cruzeiro: el Xeneize no brilló, pero fue sólido, efectivo e impuso condiciones de local para ir a Brasil con un 2-0 a favor.

Este domingo tendrá otra prueba de fuego: el superclásico, un torneo aparte dentro del propio torneo. El Mellizo, torazo en rodeo ajeno, festejó dos veces como técnico en el Monumental, pero aún no pudo ganarle a River en la Bombonera. Una espina que seguro obsesiona al entrenador del Xeneize. Poco importa que el encuentro caiga en el medio de los partidos de Libertadores. Ambos equipos van con lo mejor porque la ocasión lo amerita: lo que está en juego es el honor.

Con la vuelta de Tevez en lugar de Zárate, uno de sus mimados, el Mellizo se inclina justamente por eso. La sangre en el ojo del Apache. El factor hincha como plus. Otra decisión es mantener un medio combativo como ante Cruzeiro con Nández y Barrios en la disputa. Y Almendra en lugar de Pablo Pérez para darle toque al equipo. Habrá que respaldar a Rossi. Pecó por su juventud aunque está lejos de merecer la condena que algunos le propinaron.

El Xeneize, de esta forma, iría con: Rossi; Jara, Izquierdoz, Magallán, Mas; Nández, Barrios, Almendra; Tevez; Pavón y Benedetto.

Un ítem aparte en cada clásico en los últimos años viene siendo el árbitro. Si se le dedica tanto tiempo a esta cuestión por algo debe ser. Evidentemente su labor no está pasando desapercibida. Cada vez que se postulan los candidatos para el partido, se hace el repaso de los antecedentes. Con Boca en el superclásico, últimamente, más que antecedentes, los jueces tienen prontuario. Todos le han metido la mano en el bolsillo ante River alguna vez. Desde Pitana, pasando por Trucco, Delfino y Loustau, hasta llegar a Vigliano, el designado para el encuentro en la Bombonera.

Vigliano tampoco escapa a esta lógica. Se hizo célebre por ser el árbitro que considera que un cabezazo en el área es penal y expulsión. O al menos así lo determinó cuando Gago metió la frente para despejar un remate en el Monumental en 2014. Tal vez por eso, algunos son reticentes al VAR, un instrumento que llegó al fútbol para reducir las injusticias.

No sorprende que Gallardo sea uno de los que se pronuncia en contra. A los árbitros les debe buena parte de su currículum como técnico. Que es buen entrenador no hay dudas tampoco. Todavía mejor es con la lengua. Su opinión moralizadora siempre aparece para aleccionarnos. Sabe de política. Instaló que River tenía que estar con la guardia alta porque Macri y Tapia son de Boca previo a una final que ganó con un penal dudoso. Sabe de abogacía. Habló de que el contexto era raro cuando el Xeneize apeló al reglamento para incorporar a Olaza. Sabe de arbitraje. Nos explicó que la roja a Dedé, el defensor del Cruzeiro que le fracturó la mandíbula a Andrada, estuvo mal sancionada.

Eso sí, cuando favorecen a River, algo que sucede muy a menudo, no sabe nada. Nada de nada. Le pasó con San Martín de San Juan. Ganó con tres goles polémicos, un periodista se atrevió a preguntarle sobre esto en la misa que da post partido y el Muñeco la tiró afuera. Contó que él siempre mira las imágenes de los partidos, pero que esta vez tuvo cosas que hacer, personas que atender y no había podido. ¿Qué casualidad, no? Parecería que el tipo sólo ve lo que le conviene.

Es difícil dejar de lado estas cuestiones pero el plantel de Boca deberá hacerlo. La mano en contra siempre es una posibilidad en estos partidos. Al menos así viene siendo hace tiempo. Aún así se ha sabido imponer con clima adverso en varias ocasiones. En la época dorada de River, el Xeneize no pierde en el Monumental desde 2010 y la paternidad en torneos locales es la más grande de la historia con diez partidos de diferencia a favor.

«Boca es matar o morir» sostuvo Guillermo antes de la mencionada Supercopa. La victoria ante Cruzeiro es un gran indicio de que el Xeneize recuperó el ojo de tigre. Es hora de que Boca deje de morir. Y empiece a matar otra vez.

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más noticias

Podcast: Cristian Pavón, el renacido

Russo se la jugó con Pavón como titular en el primer partido como local en la Libertadores y el cordobés no defraudó: fue una de las piezas claves en el triunfo Xeneize. De él hablamos en un nuevo podcast de #PlanetaMuyBoca.

Quizá leamos algún elogio…

Boca derrotó 2-0 a Santos y llegó a su cuarto triunfo consecutivo, con una formación de pibes de Inferiores y jugadores jóvenes. Es un equipo en crecimiento.

A vos te conozco

Boca recibe a Santos, su verdugo en la última edición de la Libertadores pero con un presente distinto: llega golpeado por las ventas, los malos resultados y la salida de Holan un día antes del partido.