Pipa y Benedetto

Darío volvió al gol cuando más se necesitaba y suma méritos para entrar en la historia grande del club. La lesión, el recuerdo de su vieja, el acompañamiento de los kinesiólogos… Crónica de estos once meses para un hincha de Boca que se convirtió en jugador y ahora es canto de la tribuna.

Benedetto

Su insistencia para venir a Boca desde el América de México, la incógnita inicial por su rendimiento. Su consolidación en el primer campeonato a puro grito, su despegue aún mayor en el segundo donde fue fundamental en el semestre de arranque. Su rotura de ligamentos ante Racing.

A partir de ahí, deben haber sido los once meses más difíciles en la vida de Benedetto como jugador. En noviembre de 2017 era la gran figura del fútbol argentino, una máquina de hacer goles en el equipo que iba al trote rumbo al bicampeonato, un jugador que se proyectaba para el Mundial de Rusia 2018, pero la dura lesión en la rodilla en el partido ante la Academia trastocó los planes y derribó toda ilusión.

Benedetto afrontó una larga recuperación que lo dejó afuera todo el primer semestre del año y, una vez listo para volver, tuvo que atravesar por un par de lesiones musculares típicas después de tanta inactividad y una sequía llamativa para su capacidad goleadora. Fueron ocho partidos entre copas y campeonato, más de 450 minutos sin hacer un gol para un jugador que registra números muy por encima de la media en el fútbol argentino.

Pero un día volvieron los goles y fueron cuando Boca más los necesitaba. El doblete ante Palmeiras, más allá de cualquier distinción individual o de la importancia de los tantos para el futuro xeneize en la Copa, significa mucho para Benedetto: es el reencontrarse con el gol después de aquel fatídico 19 de noviembre de 2017 y es también recuperar la confianza para lo que se viene.

Benedetto hizo vibrar la Bombonera en una noche de Copa como hace rato no pasaba. Las comparaciones con Palermo y su histórico gol ante River no tardaron en aparecer, pero Darío no se guía por eso y busca escribir su propia historia lejos de la sombra de su ídolo. Benedetto convirtió dos goles en una instancia decisiva del certamen que es una obsesión para Boca y su apellido se empieza posicionar en la galería de los grandes que pasaron por el club. Así es Benedetto, el 9 que vino a Boca para llenarse de gloria.

El Pipa

Pipa se acuerda de ella a cada tropiezo y a cada festejo. Se acordó de ella este domingo pasado, el Día de la Madre, con un sentido posteo en Twitter. Volvió a tenerla presente después de su noche de gloria con Palmeiras, tras esos dos goles que ilusionan a todo Boca: “Desde arriba está siempre presente”. Y fue inspiración y motivación en cada uno de esos 339 días desde la lesión ante Racing hasta el partido con Palmeiras. Ella es Alicia, es su mamá, la que, cuando Pipita tenía 12 años y estaba jugando en los Torneos Evita, sufrió una descompensación en la tribuna mientras lo veía en cancha y no llegó al hospital.

Pipa lo lleva en la piel: “Esto es Boca”, dice su abdomen a través de un tatuaje. Lo lucía feliz desde México, todavía lejos de la azul y oro. Lo tenía pensado, seguro, desde esa época de pibe en la que iba a la segunda bandeja Norte. Y lo sigue portando hoy, aunque pidió que no haya ovaciones por eso: “El decir que sos de Boca no demuestra nada; hay que demostrar en cancha”. Pero sí, su sentimiento xeneize fue vital en la recuperación y en esta espera por volver a gritar.

El recuerdo de su madre, el amor por Boca y por los hinchas… Pero no todo es lo emocional. Para que Pipa vuelva a sonreir en una cancha, para que vuelva a ser Benedetto en todo su esplendor, hubo un equipo de profesionales que lo acompañó día a día: “Es lindo que se acuerden de nuestro trabajo, pero esto es todo del Pipa”, le dijo un kinesiólogo a MuyBoca, emocionado por el agradecimiento incluso en cancha después del 2-0. Profesional al 100%, laburó desde el lunes siguiente al partido con Racing y no paró a pesar de las dolencias musculares post recuperación.

Once meses, 339 días extrañando el gol. Volvió Darío Benedetto. Y el Pipa, la parte humana, fue vital para que otra vez en la Bombonera sonara la ovación al hincha que se está volviendo ídolo.

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