#BocaEnBrasil

El Xeneize va por otra alegría en las tierras del samba: jugadores, periodistas e hinchas le cuentan a MuyBoca anécdotas y recuerdos de partidos históricos en Brasil. Desde Riquelme a unas azafatas, todo vale para rememorar en azul y oro…

13/06/01: Palmeiras 2 – Boca 2

Román y diez más

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Bombas de estruendo cada una hora de reloj la noche anterior. Carlos Bianchi dirigiendo desde un palco con su cabeza ensangrentada por un piedrazo. Hinchas de Palmeiras invadiendo la cancha, tirándole una patada voladora al juez de línea. Un 2-0 que se transforma en un sufrido 2-2, el mismo resultado de la ida. Un equipo remendado con pibes e improvisaciones, jugando sin delanteros. Penales y festejo. Dedicatoria a los dirigentes en el vestuario. El partido de vuelta de las semifinales de la Copa 2001 ante Palmeiras es para escribir un libro.

Apenas 21 años tenía Gustavo Pinto cuando le tocó salir a jugar esa batalla en San Pablo ladeado por Cristian Traverso y Mauricio Serna en el mediocampo. Imposible que se olvide de aquel partido, pero entre todos “los condimentos” que tuvo ese encuentro, él elige un recuerdo en particular: “En lo primero que pienso cuando veo alguna repetición de ese día es en Román. La jugada que hace en el segundo gol… Esa Copa la jugó en un nivel altísimo”, rememora con nostaglia el hoy entrenador de Inferiores.

Juan Román Riquelme se puso, como en tantas oportunidades, el equipo al hombro. No importó que Christian Giménez y Walter Gaitán sean los dos (no) delanteros de esa noche: Román condujo para la ventaja de 2-0 inicial. El empate y el escándalo vinieron a continuación, y ahí fue Oscar Córdoba el que, también nuevamente, puso las manos.

El post partido guardaba aún más picante: con los jugadores cafeteros a la cabeza, todo el plantel le dedicó el triunfo a la Comisión Directiva, en medio de un conflicto por los premios. “Yo era un pibe, no entendía nada, pero estábamos a muerte con el plantel. Los colombianos iban al frente como caballos, igual que adentro de la cancha. Ese partido se jugó con bronca”, sentencia el Chavo. Y ese Boca, enojado, ganaba pasara lo que pasara.

02/07/03: Santos 1 – Boca 3

La inconformidad en tiempos sin redes

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La final de la Libertadores 2003 tenía varios condimentos en la cobertura periodística de Marcelo Guerrero. Boca iba por su tercera Copa en cuatro años con la vuelta de Carlos Bianchi después del parate del 2002; volvía al Morumbí -donde había sido campeón en el 2000-; y buscaba la revancha de la Libertadores 1963, en la que había perdido la final ante el Santos de Pelé.

La ida del 2-0 invitaba a que un cabulero periodista se animara a hacer alguna proyección con el triunfo boquense. Hubo momentos de sozobra con el empate parcial de Santos más los embates posteriores del equipo de Robinho, pero el Xeneize aguantó y terminó definiendo la final con goles de Marcelo Delgado y de Rolando Schiavi.

Justamente ese gol del Flaco, de penal, dio pie a una curiosa anécdota en el vuelo de regreso a Buenos Aires, con la quinta Copa Libertadores a bordo del avión: “Se equivocó Bianchi…”, soltó un pasajero a su acompañante, despertando la curiosidad del periodista desde la fila de asientos de adelante. “El penal lo tenía que patear Delgado, así terminaba como goleador de la Copa”, completó su análisis. Su amigo, en la butaca de al lado, lo pensó un segundo y no dudó en asentir: “Sí, tenés razón, durmió el Virrey”, afirmó, mientras el técnico descansaba en el mismo avión después de obtener su cuarta Libertadores.

“Creo que no me di cuenta en ese momento, pero fue un anticipo de lo que vendría una década después con las redes sociales”, sentencia hoy Guerrero, conservador del diario de papel y enemigo de la instantaneidad de Twitter.

20/06/07: Gremio 0 – Boca 2

Dos señoras y 70 bosteros

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El 3-0 en la ida y los no tan extensos 1.300 kilómetros que separan la Ciudad de Buenos Aires de Porto Alegre invitaban a viajar. Iván juntó unos pesos y se animó: como muchos bosteros más, se la jugó por un micro de línea. Llegó a Retiro y el escenario era el esperado: confianza, alegría y mucho, mucho Boca en un colectivo larga distancia que, por 20 horas, se volvería tribuna. Sólo algo desentonaba: el micro, destino final Camboriú, llevaba también a dos jubiladas que, inoportunas, justo habían sacado sus vacaciones para esa fecha…

Una vez en Porto Alegre, el clima no fue tan hilarante: botellazos, cascotes, hasta petardos caían en una tribuna visitante con miles de bosteros apiñados. Los ánimos de la torcida de Gremio se fueron apagando ante cada minuto consumido por Boca y lo que era enojo y agresividad se transformó en depresión con los dos goles de Juan Román Riquelme. Incluso, la salida de la cancha tuvo lugar para un gesto de hermandad argento-brasileña: un hincha de Inter, feliz por la derrota de su clásico rival, saludaba a los xeneizes y pedía cambiar cosas del Colorado por divisas azules y oro.

El regreso fue feliz y más calmo, recuperando las energías después de un viaje intenso que terminó de la mejor manera. En los recuerdos de Iván se amontonan los agradecimientos a Riquelme por aquella noche; sería injusto no recordar también la hidalguía de las dos señoras que, después de la sorpresa inicial por la espesa e inusual niebla que azotaba la parte superior del colectivo que las llevaba a sus vacaciones en Camboriú, se bancaron incluso con risas los cantos y gritos del ejército de bosteros en rumbo a ganar la sexta Libertadores.

23/05/12: Fluminense 1 – Boca 1

El que no salta, se lleva un ron

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Una maestra deja la garganta en cada clase para controlar y tratar de educar un poquito a un curso de 30 nenes. Un profe de educación física se banca la interperie durante horas para hacer mover a los pibes. Un cajero que atiende cientos de personas por día va curtiéndose ante los enojos y las broncas de los clientes. Gajes del oficio. Pero quizá no corresponde que una azafata tenga que lidiar con una banda descontrolada de hinchas de Boca sedientos y viajando a Río de Janeiro.

Fernando fue con “los pibes” al duelo de cuartos de final de Boca contra el Fluminense por la Copa 2012. Una promoción lo colocó con sus distinguidos acompañantes en una de las aerolíneas más importantes del mundo, Fly Emirates; de todas formas, no hubo mucho decoro y compostura durante el vuelo. Cantos, saltos, gritos, descontrol. Hasta que una promesa de las azafatas hizo que las aguas se calmaran y el viaje a Río, que debería haber sido tranquilo y corto, pudiera realizarse: botellas de whisky y ron para “los pibes” a cambio de un momento de paz.

Ya en tierras cariocas, y después de una tarde a pura cerveza en Copacabana, se sufrió y se disfrutó de un empate agónico que metió a Boca en semifinales, gracias a un gol de Silva cerca del final. La retirada fue un festival: aprovechando la resonancia de los pasillos del Engenhao, los bombos sonaron largo y tendido. “Subimos a las vendedoras del estadio a caballito, nos tuvieron que echar”, recuerda nostálgico un Fernando hoy padre de la hermosa Isa y con otro bebé en camino.

La noche de Río de Janeiro invitó a seguir con los festejos durante la noche. Al día siguiente, cansados y satisfechos, Fer y “los pibes” volvieron a subir a un Airbus de Fly Emirates. No hicieron falta más regalos: dos días de festejos con Boca en una de las ciudades más encendidas del mundo bastaron para complacer a la banda.

Por @lucasg91

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