Asimilando la Final

Una reflexión que ayuda a pensar en el tamaño acontecimiento que se viene, la oportunidad ante la que se está y la responsabilidad que genera este Boca-River.

Boca – River, River – Boca, en el medio nada más y nada menos que la Copa Libertadores: la gloria o Devoto. Es difícil explicar las sensaciones de estar ante este acontecimiento sin igual en la historia del fútbol mundial. Es lo máximo a lo que han llegado dos clubes de un mismo país en esta parte del mundo y alrededores. Es un evento deportivo que seguramente disputará en audiencia a los 111.5 millones de espectadores que se registraron en el Super Bowl de 2012, el mayor hasta el momento. Es un partido que enciende a propios y a ajenos, que dejará recuerdos imborrables en cada uno de sus espectadores. Porque nunca dos rivales del calibre que suponen el más grande y el segundo más grande de la Argentina se habían disputado el trofeo más importante de América.

Es, también, un simbronazo para la sociedad argentina. Porque si, siguiendo a Galeano, el fútbol es “el opio de los pueblos”, nunca más necesaria esta dosis de espectáculo para las clases populares de nuestro país, bastardeadas a lo largo de todo este 2018 en plena recesión y crisis económica. Por eso, no solo en este partido se pone en juego la historia, sino también el ánimo de millones de argentinos. El ganador movilizará masas, de allí el temor de los peces gordos de este cuento, de que las hipotéticas consecuencias de ganadores y perdedores se conviertan en un desmadre. De allí que se juegue sin público visitante, aunque se haya querido usar esa posibilidad políticamente. 

Justamente, la política no es ajena a este tipo de eventos. Esto trasciende el deporte, y sucede casualmente a días nomás de la reunión del G-20 en Buenos Aires, lo que provoca el interés hasta del presidente de Rusia Vladimir Putin, quien quizás asista al encuentro decisivo. Es por eso que me cuesta poner en perspectiva lo que vamos a vivir y compararlo con cualquier otro suceso: se palpita como si lo que estuviese en juego fuera una Copa del Mundo, aunque con el tiempo, no tengo dudas de que la gente se preguntará por ese día, y recordará qué era lo que estaba haciendo cuando Boca y River jugaron una final de Liberadores, así como cuando el hombre llegó a la Luna o como cuando se cayeron las Torres Gemelas. Es inevitable.

En el medio de todo esto, está este plantel de Boca, los verdaderos protagonistas de esta historia. Con un ídolo sentado en el banco, con un equipo bicampeón que parece haber encontrado la fórmula ganadora, estos jugadores están ante la gran oportunidad de revertir la maldita reciente historia en choques decisivos ante River;  pero por sobre todas las cosas, está en busca de ratificar lo que sus 113 años de vida marcan: la supremacía en el ámbito internacional y la grandeza a nivel mundial. Ya lo dijo Carlitos, “por la gloria del club”.

Por @tomynel

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