Pioneros

Boca define la final de la Libertadores ante River por primera vez con la premisa de honrar la historia: el Xeneize celebró antes que su rival eterno en todas las dimensiones y esta vez no puede ser la excepción.

En 1919, época en la que el fútbol no era profesional en Argentina y existían dos torneos paralelos, Boca se consagraba campeón por primera vez en su historia. Un año después, siguiendo nuestros pasos, River lo conseguía. Para 1931, la farsa del amateurismo marrón había quedado en el pasado y el negocio de la pelota pasaba a ser una actividad regulada. El Xeneize se quedó con el título de aquella temporada mientras que el Millonario, otra vez, debió esperar al año siguiente.

Las décadas pasaron y la rivalidad entre ambos fue creciendo. Pese a ser los más grandes del país, los dos tenían la deuda pendiente de la Copa Libertadores, que ya tenían en su vitrina Estudiantes, Independiente y Racing. En 1977, bajo las órdenes del Toto Lorenzo, el Xeneize rompió el maleficio en los penales ante Cruzeiro. Al año siguiente, repitió la epopeya. Y River otra vez debió esperar un festejo que recién llegó en 1986.

En aquel 1977, Boca no sólo fue el mejor de América, sino del mundo tras vencer al Borussia Mönchengladbach en Alemania. Los de Núñez lo consiguieron en 1986. Y nunca más. Ya con otra modalidad, a partido único y en Japón, el Xeneize volvió a conquistar el planeta, primero ante el Real Madrid en el 2000, y después ante el Milan en 2003.

Después de la Libertadores, en 1988, se creó la Supercopa, el otro trofeo continental. Y Boca consiguió cerrar una década esquiva con el título en la edición siguiente, en 1989, con el triunfo en la final ante Independiente. River volvió a llegar más tarde, recién en 1997, en la despedida del certamen. Tras la prueba fallida de la Copa Mercosur, en 2002 se estrenó la Sudamericana. Luego de despilfarrar, en su época más dulce, las dos primeras ediciones utilizando a la Reserva, el Xeneize ganó el título en 2004 y repitió en 2005. El Millonario tuvo que esperar a 2014 para consagrarse.

En los cruces directos por torneos internacionales, Boca y River se midieron por primera vez en cuartos de final de la Supercopa de 1994 con triunfo del Xeneize por penales en La Bombonera. En el 2000, llegó el muletazo de Palermo en una serie épica, otra vez por cuartos, pero de la Libertadores. También con Bianchi, en 2004, el Pato Abbondanzieri le tapó el último penal a Maxi López y Villarreal cerró la tanda de penales para que Boca avance a la final de la Copa, en un estadio Monumental pasmado.

Y ellos, recién en los últimos años, a fuerza de arbitrajes escandalosos, polémicas y escritorios, pudieron salir de nuestra sombra con los cruces de 2014 y 2015.

También hemos jugado finales. En 1976 ambos definieron el Nacional con triunfo 1-0 de Boca. Hasta 2018 tuvieron que esperar para sacarse la espina con la Supercopa y el éxito del contradictorio, pero efectivo, Plan Guardia Alta.

La historia es clara y marca que a donde River fue, Boca ya estuvo antes. Se abre una dimensión nueva, una serie sin precedentes. Por primera vez ambos definen una final de la Copa Libertadores, en la última definición ida y vuelta, y el deber nos cita: otra vez tenemos que ser los pioneros.

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