Hay que creer

La gente de Boca jugó su final: canchas llenas, banderazos y despedidas multitudinarias. Con la fe como estandarte, el equipo ya partió a Madrid con la certeza de que el pueblo está y estará de este lado. Ojalá haya premio a tanto fervor.

“La fe es, pues, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” – Hebreos 11:1, La Biblia.

En 1925 Boca, bicampeón del fútbol argentino, fue despedido (según diarios de la época) por 20.000 hinchas en el puerto para partir a una histórica gira por Europa. Fue esa célebre Gira del 25 donde surgió el apodo de Jugador N° 12, por la presencia del civil Victoriano “Toto” Caffarena en medio de la delegación para alentar y apoyar a los futbolistas.

En 2018 Boca, también bicampeón vernáculo, partió rumbo a Madrid (esta vez en avión) para soñar con la insólita Copa Libertadores que definirá con River en el Santiago Bernabeu. Otra vez, la gente se acercó a despedir su ilusión. Pasan los años, pasan los jugadores, La 12 está presente, no para de alentar.

En la previa de estas finales se viralizó un viejo video de Carlos Bianchi con la frase en francés “il faut croire”; sin traducción directa, es una expresión que invita pero que también impone creer. Es necesario, hace falta y hay que creer. La gente de Boca abrazó el Il faut croire como un mantra para una serie que, a pesar del circo de River y de la CONMEBOL, será histórica.

Primero la Bombonera fue la gran cita en el partido de ida. La gente se bancó la lluvia el sábado y volvió el domingo para recibir al equipo con una fiesta y despedirlo sin reproches a pesar del empate con sabor a poco. Luego, hubo fecha por torneo local ante Patronato y el estadio volvió a estar repleto para cantar por la Libertadores. Al jueves siguiente, más de 80.000 personas nuevamente se acercaron a la Bombonera: fue el entrenamiento abierto con más público de la historia e incluso desde las redes sociales del club debieron pedir que el público dejara de acercarse. Una epopeya. El sábado 24, fecha original del partido de vuelta, más de 20.000 hinchas despidieron al plantel del Hotel Madero con un banderazo conmovedor. Pasaron las piedras, la impunidad de River, la complicidad de CONMEBOL y el fervor no se apagó: este martes, el micro de Boca salió rumbo a Ezeiza con una peregrinación a sus costados por Parque Lezama.

La gente de Boca jugó su final. Toda la gente de Boca: el palquista, los abonados, los socios activos que coparon la Bombonera en cada día de partido; el socio adherente que hizo toda la fuerza del mundo para estar y que, si no tuvo suerte, se acercó cuando pudo; y sobre todo el no socio, el hincha que nada tiene y todo sueña, que fue protagonista vital de cada banderazo y cada movilización. Una prueba de fe histórica y que sería indigno de comparar con la otra vereda.

Adentro de la cancha será otro cantar pero Boca puede estar tranquilo. Si el resultado es adverso, habrá una multitud dispuesta a levantarlo. Pero hay que creer. Y entonces, si el resultado es favorable, esa multitud conseguirá eso por lo que se esforzó en toda esta previa. Los festejos, si se dan, serán del pueblo. Con fe.

Por @lucasg91

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