¡Somos Boca!

El Xeneize va en búsqueda de la gloria eterna en el Santiago Bernabéu para terminar con el circo de River y la Conmebol. El plantel y el hincha, los grandes protagonistas de esta serie interminable, se merecen una alegría grande.

La interminable final de la Copa Libertadores desnudó miserias y potenció virtudes en Boca. Volvió a dejar al descubierto la desidia de Angelici, que creyó que con un papelito que retrasaba 24 horas un partido imposible de disputar, se iba ganador del Monumental. Sin embargo, en esta oportunidad, el destrato con el que maneja al Xeneize fue tan lejos que, incluso en un club “presidencialista” como el mismo sostiene, poco importó su opinión.

Porque más allá del ya conocido nulo empeño para defender los intereses de la institución, esta vez había pasado un límite minimizando una agresión brutal hacia el plantel. Su plantel, sus propios jugadores, con los que convive día a día, pretemporada a pretemporada: fueron ellos los que lo expusieron hasta el ridículo y nos llenaron el pecho de orgullo dando la cara por Boca.

Y en ellos confiamos. En Benedetto. En Tevez. Y demás. Porque más allá de ser grandes futbolistas, en esta final nos demostraron que sienten a Boca como nosotros, los que llenamos la cancha para una práctica, con miles que se quedaron afuera incluso, y los que despedimos al plantel en una caravana mágica en la noche de La Boca.

La sensación, en la previa de la insólita definición en Madrid que orquestó la Conmebol para salvar a River, es que estamos bien representados por un plantel que viene dejando la piel para conseguir la Copa, tanto dentro como fuera de la cancha. Y la gente de Boca, como la historia manda, respondió, alentó y motivó.

El manoseo que recibió el club en esta Copa fue tal que el victimario, el que forzó la suspensión por una salvaje emboscada al micro del Xeneize llegando al Monumental, se convirtió en víctima con el transcurrir de un par de semanas y la complicidad de los medios.

La bronca y la impotencia que esto genera es imposible de disimular. Solo existe una forma de canalizarla y es dar la vuelta en el Bernabéu. Se lo merece este plantel. Y también se lo merece el hincha. ¡Hay que creer!

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