Cambio de paradigma

Boca tiene nuevo entrenador: Gustavo Alfaro firmará su vínculo con el Xeneize y asumirá el desafío más importante de su carrera. La gestión Burdisso arrancó con un cambio rotundo en el proceso de selección.

A sus 56 años, el rafaelino Gustavo Alfaro se convertirá en entrenador de Boca. Doce años después tendrá su segunda experiencia en uno de los equipos denominados grandes, aunque su arribo esta vez es distinto: llega más maduro después de acumular mucha experiencia en el fútbol y con más pergaminos. El propio entrenador definió su llegada como un “proyecto deportivo, por el cual desearía atravesar” en una carta de despedida hacía Huracán. ¿Qué busca el Xeneize en su nuevo DT?

Para empezar hay que decir que esta designación produce un cambio total en los procesos de la gestión Angelici. El presidente de Boca, en sus dos mandatos, siempre eligió a técnicos identificados en el club: su primera elección fue Bianchi por clamor popular, después optó por dos ex jugadores, Arruabarrena y Barros Schelotto. La llegada de Nicolás Burdisso como Director Deportivo provocó un cambio mayor: se buscó en Alfaro alguien que no esté vinculado con el club. El proyecto arranca de cero sin ninguna historia anterior que pueda condicionar las decisiones.

Desde lo futbolístico, la llegada de Alfaro también produce un cambio con respecto a los últimos dos entrenadores. “Lechuga” está más identificado con el orden táctico y el resguardo del cero en el arco propio antes que la idea de futbol ofensivo y vertical que viene pregonando Boca. Los equipos de Alfaro son rocosos y complicados de quebrar, no obstante, generalmente, sus mejores versiones cuentan con un jugador en la posición de enlace: Papu Gómez en Arsenal, Rolfi Montenegro o el colombiano Roa en Huracán son algunos ejemplos, y además los volantes tienen como obligación llegar a posición de gol.

Su anterior paso por un club grande siembran dudas sobre la real jerarquía de Alfaro para estar al mando de un equipo que exige protagonismo. Veintidós partidos estuvo al frente de San Lorenzo donde perdió más de los que ganó, un equipo endeble, lejos de ser un “equipo de Alfaro”. Sin dudas, los 12 años que pasaron desde aquella experiencia sirvieron para construir un currículum para destacar: una Sudamericana en 2007, un Clausura y una Supercopa en 2012 y una Copa Argentina en 2013. Además, Alfaro arriba a Boca después de meter en la Libertadores a Huracán cuando los de Parque Patricios luchaban por no descender.

Alfaro y el Xeneize cruzarán sus caminos en 2019, aunque vienen coqueteando hace tiempo: la historia indica que era el predilecto de Macri en 2005 y hasta contaba con el guiño del mismísimo Bianchi. El ex entrenador del Globo tuvo que esperar hasta la llegada de Nicolás Burdisso como Director Deportivo para que lo eligiera. Alfaro llega a Boca por su estilo, emparentado a la historia gloriosa de Boca, y su personalidad: es un hombre que no dejará pasar por alto las injusticias y que, con su intelecto, defenderá al club como ya lo ha hecho en otras oportunidades.

La era Alfaro arrancará en pocos días. La vara está alta: recibe a un equipo bicampeón del fútbol argentino y finalista de Libertadores. Los objetivos son importantes: la posibilidad del tricampeonato, la Supercopa y una nueva ilusión continental lo esperan. Boca cambió de rumbo, optó por un entrenador sin historia en la institución y con un estilo diferente a sus antecesores pero la ilusión es la misma.

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