El dueño del arco

Esteban Andrada se ganó ser una de las fijas Xeneizes: ya dejó relegado a Agustín Rossi, ahora le trajeron a Marcos Díaz y sigue justificando su presencia con un altísimo nivel.

Desde la salida de Agustín Orion a mediados de 2016 el arco de Boca entró en un proceso de alquileres y dudas. Pasó Sara sin pena ni gloria, Werner lo tuvo por dos partidos y Agustín Rossi, con toda su juventud, asumió la responsabilidad durante casi dos años donde sumó dos títulos locales y más de 50 partidos de experiencia, todo en el medio de críticas de propios y ajenos hacía el joven santafesino. La historia parece haber cambiado desde la llegada de Andrada.

En agosto de 2018, el ex Lanús puso la firma para convertirse en el arquero Xeneize. Pasaron más de 220 minutos para que le conviertan su primer gol, dato que ilustra su corto ciclo: en 16 partidos como arquero de Boca, mantuvo en once ocasiones la valla invicta. Su promedio de goles recibidos es de 0.62 por partido, lo que lo pone a la altura del ciclo de Franco Armani (0.60) en River y por encima del de Martín Campaña (0.72) en Independiente, por citar a los que son considerados como los mejores arqueros del futbol argentino.

Al margen de los datos duros que entrega la estadística, en los intangibles Andrada siempre transmitió seguridad. Desde el primer centro que descolgó, las grandes atajadas o su depurado juego de pies, el arquero de 28 años demostró un aplomo superior a todos sus antecesores desde la era Orion en adelante. El extenso recorrido en su carrera, con títulos y decepciones, le dio una maduración ideal para llegar al arco de Boca en un momento donde también había alcanzado el nivel que prometía desde las selecciones juveniles.

Alfaro asumió en Boca y a los pocos días trajo a Marcos Díaz, su arquero en Huracán a quién el entrenador en su momento lo había considerado como el mejor del país. Cuando todo parecía indicar que el arco xeneize estaba otra vez en duda, Andrada no dio lugar a la posibilidad de salir reemplazado: en los cuatro partidos del año fue el máximo responsable del invicto de Boca con atajadas claves ante Newell’s, Godoy Cruz y Belgrano.

Después de dos años sin dueño, el arco de Boca encontró un propietario de peso. Andrada cumple con esa frase hecha de que el arquero de equipo grande tiene que ser de selección: aunque no tuvo convocatoria su nivel lo amerita. Mientras tanto, Alfaro tiene en Andrada a la primera vértebra de la columna para empezar a construir un equipo sólido y protagonista.

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