De crisis y finales de ciclos

#DePrimera: tras la final perdida ante Tigre, un balance del semestre y de lo que se viene, por Marcelo Guerrero.

Poco más de un año atrás, el miércoles 9 de mayo de 2018, Boca festejaba su décimo bicampeonato local luego de empatar 2-2 con Gimnasia. Entre aquella noche feliz en La Plata y esta triste en Córdoba hubo 51 partidos oficiales: 28 victorias, 15 empates y ocho derrotas. La temporada incluye una altísima cantidad de cruces mano a mano: cuatro por la Copa Libertadores, cuatro por la Argentina, cuatro por la de Superliga y uno por la Supercopa (10-3 el récord).

Perder una final suele provocar crisis, sobre todo en un club que las juega tan seguido. Quizás sería una equivocación suponer que la decisión inevitable, después del 0-2 con Tigre, sea depurar el plantel y traer una decena de refuerzos. Boca se ha caracterizado en los últimos tiempos por renovar su plantel en cada mercado de pases, incluso tras resultados satisfactorios (el único resultado satisfactorio aquí es salir campeón, aunque podría valorarse también haber llegado a la definición de una competencia que disputaron 26 clubes del fútbol argentino).

Tomado como medida el 11 inicial de la penúltima fecha de la Superliga 17/18, aquel que aseguró la consagración en el Bosque, observamos que Boca se presentó a disputar esta nueva final con apenas dos nombres en común: Emmanuel Más y Carlos Tevez. Naturalmente existen casos puntuales que justifican traspasos de futbolistas, en especial cuando las ofertas son por cifras de Champions, pero también hubo en la última década -contrariamente a la política del período 1998/2008, de gran estabilidad en los planteles- una notoria tendencia a sacar y poner jugadores en cada receso.

En esta ocasión conviene alertar sobre dos casos que seguramente generarán discusión: el 1 y el 9. Con el peso que puede tener la simple opinión de un observador, uno piensa que Esteban Andrada y Darío Benedetto deben seguir y consolidarse como referentes en dos puestos vitales.

Andrada, quien había colaborado bastante para que Boca llegase al último encuentro de esta Copa, alcanzó en su primer año con el escudo azul y oro un invicto de 659 minutos, el más alto de un arquero xeneize en este siglo. ¿Una respuesta floja borra sus registros, los que lo hicieron merecedor de una convocatoria a la Selección?

Benedetto, el delantero central con mayor promedio anotador desde el retiro de Martín Palermo, no tuvo un semestre favorable si consideramos sus antecedentes. ¿Estos cinco meses lo descalifican? Algo parecido podría decirse de Cristian Pavón, hasta el Mundial de Rusia el mejor atacante de nuestro campeonato. Hoy hasta es objeto de burla por parte de hinchas propios que, a falta de argumentos más nobles, buscan destacarse así en las redes sociales.

Contra la crítica repetida y el deseo inocultable de los contaminadores mediáticos, Boca completó una primera mitad de año en el máximo nivel de competencia. A trazos gruesos, recuperó solidez en defensa y resignó poder de fuego. Hay bastante para crecer y hay obligación de hacerlo, sin olvidar nunca lo que somos y tenemos.

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