¿Cómo pensar el futuro?

Con la memoria de tiempos dificiles y algunas certezas del presente, Boca deberá recuperarse de otro golpe más en la Libertadores. El hincha seguirá estando.

Hincha que se precie debe tener piel curtida, memoria completa y gratitud duradera. Los y las que pasamos la curva del medio siglo vivimos unas cuantas, algunas malas entre la abrumadora mayoría de buenas.

A principio de los 70, después de aquel bicampeonato nacional con el equipo de Meléndez, Rogel, Marzolini, Madurga y Rojitas, vino una sequía de más de medio lustro que coincidió con el momento cumbre de Independiente. Los de Avellaneda no solo sumaron cuatro Libertadores en fila, alcanzando la media docena, sino que metieron una seguidilla de seis triunfos en siete partidos ante Boca. Parecía existir una maldición: durante aquella racha nefasta, Suñé, Potente y Ponce fallaron penales.

Hasta el ejército de Lorenzo resignó sobre la hora un invicto de 18 fechas contra el Rojo. Eran tiempos de ir a la Doble Visera y escuchar el ¡Hijos Nuestros!, riguroso desde un plano numérico. El Boca de Bianchi, entre tantos logros, se ocuparía de revertir la diferencia en el historial, además de achicar el margen copero.

Hoy vivimos la dinastía napoleónica, con eliminaciones en los mano a mano internacionales donde se combinaron bastante  mérito rival, actuación dispar de la Conmebol en 2015/18, arbitrajes parciales (ahora resulta que Sampaio cobró un par de foules que no eran…) y varios errores propios.

Conviene detenerse en el último punto, para no repetirlos. Andrada e Izquierdoz, perdedores en Madrid, sostuvieron defensivamente a Boca en esta semifinal. Ellos, López y Marcone son la base de un bloque defensivo que disputó 17 encuentros en el semestre y en 13 no recibió goles. Se necesitan refuerzos adelante, pero no cambiando figuritas: trayendo mejores de los que hay sin dejar de mirar la cantera.

La otra cosa para proteger es la Bombonera: una cancha que empuja, contagia y disimula carencias, invicta en 16 cruces coperos ante el clásico adversario. Cómo se explica de otra manera que ni siquiera este súper River haya podido ganar en sus cuatro visitas por copas. Y a propósito: ¿vieron que en 45 minutos de un segundo tiempo, aun sin jugar demasiado bien, es posible hacer un gol?

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