El tiempo de Miguel

Russo tuvo su primer amistoso con un 2-0 tranquilo de Boca ante Universitario. Recuperar la paciencia y la calma en un club convulsionado es una de las tareas del DT.

Aunque investigaciones modernas hayan refutado algunos detalles, la historia merece considerarse verídica. Fray Luis de León, docente de la prestigiosa Universidad de Salamanca, fue separado de las aulas durante la Inquisición. Soportó cárcel y persecuciones. Repuesto en su cátedra, varios años después, ingresó a clase y conmovió a sus alumnos con una frase: «Como decíamos ayer…».

Miguel Ángel Russo, a 12 años y un mes de aquella final con Milan, podría haber arrancado igual sus declaraciones tras el 2-0 a la U de Perú. Él no fue a la Universidad de Salamanca, pero dirigió a la Unión Deportiva de esa ciudad española y, durante su anterior gestión en Brandsen 805, sufrió las más diversas acusaciones de los nacientes paneles de TV y blogs de opinión.

Ojalá su vuelta clausure un período en el cual Boca se sacaba técnicos de encima sin evaluar antecedentes ni riesgos. Hasta el último Bianchi venía de salir segundo en un torneo cuando fue despedido a la cuarta fecha del siguiente. Dejemos de lado estos recuerdos, sigamos el mandato de Russo y miremos hacia el futuro.

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En el estreno de la temporada 2020 el nuevo Boca se pareció bastante al viejo y, seguramente contra el pensamiento dominante, es una buena noticia: el equipo rendirá más cuanto mayor continuidad tengan sus integrantes. Para que López e Izquierdoz sean la sólida dupla central de los próximos dos años, es requisito que jueguen juntos muchas veces. Hasta ahora compartieron la zaga en 32 partidos. Necesitan varios más. ¿Boca no da tiempo? ¡Pues que empiece a hacerlo!

Le preguntaron a Tevez por el valor del resultado de un amistoso y contestó: «Si perdemos se arma quilombo». Tratemos de que no lo haya al menos cuando Boca gana.

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