Dará pelea

Boca le ganó 2-1 a Talleres en Córdoba con goles de Villa y Tevez y, a pesar de las críticas especializadas, está a sólo un partido del líder de la ahora revalorizada Superliga.

Algún hincha del clásico rival, que uno también los tiene para dar muestras de amplitud mental, y muchos periodistas, difíciles de identificar pues hablan parecido y visten igual, postulan que esta definición de la Superliga es otro mano a mano entre River y Boca. «Y ya sabemos cómo termina la historia», repiten, agregando emoticones sonrientes.

Desactualizado el mandamiento mejor que decir es hacer, en el fútbol más aún que en la política, un discurso de entresemana vale casi como el resultado del domingo. Desde que Miguel Ángel Russo apretó los puños para festejar el 2-1 ante Talleres, quinto triunfo como visitante de la temporada, empezó a difundirse este nuevo relato de la cadena de whatsapp, el duelo cabeza a cabeza. Al menos tres observaciones son pertinentes.

1) Si el torneo 19/20 (23 fechas, un clásico empatado) se considera mano a mano, ¿por qué no lo fueron el de 2015 (30 fechas y dos clásicos, ambos ganados); el 16/17 (30 fechas y dos clásicos, uno para cada uno) o el 17/18 (27 fechas y un clásico, ganado)? Las etapas finales de esas competiciones no coincidieron con fases decisivas de la Libertadores, que según norma vigente es el nuevo patrón universal.

2) Si tan alto es el nivel colectivo-individual de River y tan idóneo y cotizado su DT, al extremo de que ningún club europeo se anima a comprometer su economía para llevárselo, ¿cómo se explica que el siempre atribulado Boca, el de las polémicas por nada y los escándalos por todo, aparezca a un partido de distancia?

3) Si una Copa que celebraban mesurada, silenciosamente, se les escapó en apenas tres minutos, ¿por qué no podrían perder tres puntos de ventaja en cinco fechas?

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