Festejemos juntos

Un nuevo título de Russo es la puerta para marchar jugadores, dirigentes e hinchas hacía más objetivos. ¡Salud, campeón!

Además de una satisfacción única, pues no existía jurisprudencia de llegar un punto abajo a la última fecha y salir campeón, el segundo título de Miguel Ángel Russo debe significar el cierre de un ciclo que había empezado, justamente, con su salida en diciembre de 2007. Esta festejadísima consagración, producto del sprint de seis victorias y de un declive del favorito de la cátedra, tiene que servir de plataforma para construir otro tipo de relación entre hinchas, jugadores, técnicos y dirigentes, pasional, fervorosa y agitada como en toda la historia, pero más serena, menos irritable en la adversidad, con más lectura atenta de hechos, circunstancias y números, con menos tuiteo compulsivo de broncas instantáneas.

Historiemos: mientras daba pelea en el Clausura de hace 13 años, Boca ganó con un Russo práctico, un Riquelme estelar y un récord global en la final (5-0) de aquella Libertadores con fixture comprimido en 120 días. En el semestre siguiente perdió un cruce de Sudamericana con San Pablo por gol de visitante, quedó cuarto en el Apertura y cayó después de chocar contra el mejor Milan de la centuria. El club decidió no renovarle al entrenador. Si se permite la referencia personal, en una emisión del ya levantado programa Estudio Fútbol, opine que despedir a un DT campeón de America -seis meses después de esa conquista- era ubicar muy arriba la exigencia. Tampoco puede decirse que la situación haya sido inédita: repasen ustedes, amigos lectores, todos los coaches boquenses de este siglo que acabaron segundos y, por voluntad ajena o propia, se fueron.
El nuevo campeonato, cuarto de cinco que gana Boca desde la vuelta de los torneos largos, es en buena medida la consecuencia de decisiones y momentos, como ha patentado Miguel. Fueron aciertos de la autoridad futbolística la incorporación de Campuzano, el más parecido del actual plantel a Banega, capaz de aportar una circulación limpia desde el fondo; la apuesta por el supersónico Villa y la definición del rol jerárquico de Tevez. Ayudaron además las recuperaciones físicas de Fabra y Salvio, jugadores de calidad indiscutida.
 
Es igualmente justo recordar que la anterior conducción mantuvo arriba al equipo en dos tercios de la competencia, contra algunos de los rivales más complejos, y cimentó la solidez de un campeón que terminó permitiendo apenas un gol cada tres partidos. Valorar a los que defendieron con honor esta camiseta, dentro o fuera de la cancha, es un mandamiento boquense. Por eso, también, cada vez que venga al Templo, la gente le agradecerá a Maradona -aquel de los 10 palos verdes- haber elegido a Boca en lugar de Barcelona o River Plei.

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