Un equipo diferente

Boca goleó en su debut en la Copa de la Superliga en Mendoza y sigue espantando fantasmas negativos y pesimistas del pasado. Cada vez más sólido y confiado.

Decíamos una semana atrás que la estrella 69 podía alumbrar el inicio de otra etapa en Boca, con la pasión de siempre durante los partidos pero más reflexiva, menos histérica, al momento de medir resultados y rendimientos. Sin pretender la serenidad del vicepresidente Riquelme, única persona capaz de acomodar la bombilla antes de un córner en el área propia, es posible aspirar a que los/as hinchas no entren en pánico cuando el equipo empata de visitante por la Libertadores.

El triunfo ante Godoy Cruz -sexto consecutivo ante ese rival- sirve para extender varias rachas favorables y clausurar un período de confusión iniciado hace exactamente dos años en la misma cancha. Aquella noche, con un arbitraje de Patricio Loustau que no mereció punzantes entrevistas en días posteriores, Boca perdió ante River una Supercopa Argentina que había sido anunciada como la final planetaria, el duelo más esperado, la batalla cumbre o una remake de los Alí-Frazier de la década del 70, sin observar que cruces entre clásicos adversarios se vuelven frecuentes en estos tiempos con multiplicidad de competencias. De hecho, se enfrentarían nuevamente si River ganara la actual Copa de Superliga. Para ello, por supuesto, debería presentarse a jugar las próximas fechas.  

A la gente de Boca, luego de aquella derrota en el estadio Malvinas, intentaron convencerla de que no debía festejar una Superliga conquistada de punta a punta, 46 fechas con el equipo puntero, clasificaciones en Brasil ni victorias de visitante contra Independiente o San Lorenzo. Convengamos que el propio club, con malas declaraciones, reforzó esa desmesurada lectura de la Supercopa como máxima ambición. Un año más tarde, cuando se logró el título tan esquivo, la cotización del trofeo bajó como las Bolsas del mundo.

El Boca 2020 parece decidido a cambiar tendencias. Bastante ha hecho en dos meses, desde aquel módico 2-0 al Universitario peruano que, bien vale recordar, generó la primera crisis. ¿O ya se olvidaron del malestar de Russo por la expulsión de Ábila? 

 

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