Son todos de Boca: Heleno De Freitas

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy rescatamos a Heleno De Freitas, gloria del Botafogo.

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La escena transcurre en una Bombonera de dos bandejas, durante el invierno porteño de 1948, en medio de una neblina que no permite distinguir si es de día, de tarde o de noche. Daniel Gil, presidente de Boca, se quita el habano antes de encarar a uno de los futbolistas que prueban desde fuera del área los reflejos del portero Claudio Vacca.

-¡Heleno! ¿Por qué usás sobretodo? ¿Y tu uniforme?

Heleno de Freitas -fichaje estelar del club, pase más caro de la década- deja ver que debajo de su abrigo lleva la azul y oro. Y responde con una frase que hoy sería título de diario, zócalo de televisión, tendencia y meme en las redes: -¡Tengo frío, carajo!

Lucho Sosa, Perico Marante, el Leoncito Pescia y el Atómico Boyé se han ido. No hay manera de confirmar ese diálogo de la película Heleno (José Henrique Fonseca, 2012) por ausencia de testigos, pero sobran elementos para otorgarle veracidad.

Heleno había llegado para revertir el escenario de crisis: una victoria, dos empates y cuatro derrotas en el arranque del campeonato. Aunque el 3-0 del debut en Banfield, con doblete suyo, debió haberlo puesto de buen talante, el riguroso clima de Buenos Aires fastidiaba a un hombre acostumbrado a los calores de Río. Además, se demoraba la llegada de Irma Correia, su mujer oficial, y menos iba a venir la cantante Diamantina, su pareja secreta (interpretada en el film por Angie Cepeda, la misma actriz que es amante de Pablo Escobar en El Patrón del Mal: una señora de amores difíciles la colombiana).

Mito cumbre del Fogao hasta la aparición de Garrincha, Heleno era capaz de pelearse con rivales, árbitros, compañeros, técnicos y dirigentes. Su biopic recrea flamígeros cruces con el titular del Botafogo, quien le reprochaba con frecuencia sus inconductas.

Número 9 hábil y guapo, de chute poderoso y gran cabezazo, venía de convertir más de 200 goles en Brasil, a razón de casi uno por partido. No alcanzó ese rendimiento en Argentina. Tampoco lo ayudó el equipo: aquel Boca de finales de los 40 estaba lejos del que había desactivado a La Máquina en 1943/44. Se fue en diciembre con un registro de ocho tantos en 19 presentaciones, las últimas cuatro rodeado de juveniles por la huelga de los profesionales argentinos. Al menos no lo expulsaron, una proeza si se repasan los antecedentes.

Volvió a su país, donde se lo considera el primer crack escandaloso. Las torcidas contrarias lo bautizaron burlonamente Gilda, asociando su temperamento explosivo al de Rita Hayworth en la película homónima. Olé, TyC Sports, ESPN y demás cadenas lamentarán no haber sido contemporáneos de O Principe Maldito. Aquí se le llegó a atribuir un romance clandestino que no mencionaremos, por respeto a la mujer y su marido.

Realizó una breve incursión en 1950 por el Junior. Aún se recuerda en Colombia un triunfo del Tiburón de Barranquilla ante el casi invencible Millonarios de Alfredo Di Stéfano. La calidad del brasileño llamó la atención de un joven cronista del diario El Heraldo, García Márquez de apellido. Le dedicó, entre varias, la columna «El doctor De Freitas». Gabo conjeturó que Heleno, quien se había recibido de abogado, sería capaz de redactar «memoriales y sentencias judiciales con los pies, no solo en portugués y castellano sino en purísimo latín antiguo».

A otro sudamericano autor de letras famosas, el uruguayo Eduardo Galeano, también lo cautivó ese delantero «con estampa de gitano, cara de Rodolfo Valentino y humor de perro rabioso».

Hacia 1953, enfermo de todas las adicciones posibles, Heleno fue internado en una clínica psiquiátrica. Murió en 1959, cuatro días antes de cumplir 39 años. Nunca se enteró de que, por esos días, Boca negociaba la incorporación de otro brasileño goleador: Paulo Ángelo Valentim.

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