Son todos de Boca: Pepe Sasía

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy rescatamos a Pepe Sasía, gloria de Peñarol y todo Uruguay.

Si querés leer todos los lunes más historias de «Son todos de Boca» suscribite al newsletter de Muy Boca. Hacé click acá.

Campeonato Sudamericano era la antigua denominación de la Copa América. En 1959, todavía sin derechos de televisión para negociar, la Conmebol organizó dos. El primero fue en Buenos Aires. Brasil trajo a casi todos los mundialistas del 58, con un adolescente Pelé a la cabeza. Uruguay no venía bien: ni siquiera había ido a Suecia, eliminado por el siempre aguerrido Paraguay. Igualmente, con la jurisprudencia del Maracanazo, en un BRA-URU podía pasar cualquier cosa. Que se agarraran todos a trompadas era una posibilidad.

Así sucedió, qué no ni no, cuando se enfrentaron el 26 de marzo. Hubo una gresca a la media hora, que mantuvo interrumpido el match durante 25 minutos, y otra al final. Robles, árbitro chileno, expulsó a Orlando, Almir (B), Goncálvez, Davoine y Sasía (U). Cuatro de los cinco terminaron en Boca. Alberto J. Armando, rumbo a un segundo mandato en el club, habrá pensado que disponían del temperamento suficiente para vestir la azul y oro.

Como para que los periodistas influyentes, siempre tan vigilantes de los movimientos en Brandsen 805, no lo acusaran de incitación a la violencia u otros delitos peores, el Puma contrató al ariete Valentim, autor de los tres goles del triunfo verde-amarelo en aquella jornada violenta. También, para evitar rencores entre hermanos de la Patria Grande, Davoine y Sasía se fueron en 1961, cuando llegaron Orlando y Almir.

Sasia 1

José Francisco Sasía nació en el departamento de 33 Orientales, justo en 1933. A los 16 años, con un cuero curtido por los rigores del potrero, ya había debutado en la Primera de Defensor Sporting. Tiempos de profesionalismo flexible, el Pepe no se privaba del cafetín, la mesa de billar, las discusiones por cualquier pavada y el picado de barrio los sábados a la tarde.

–Dale, pasá, ¡pasá!, le insistía al conductor del auto que circulaba por la calle donde se desarrollaba un concurrido desafío. “Éramos 20 contra 20 y estábamos todos parados porque el tipo no avanzaba. Hasta que no aguanté más y fui a encararlo… Era el tesorero del club”. La anécdota integra los relatos de Orsay en el Paraíso, uno de los dos libros que llevan la firma de Sasía (Al fondo de la red es el otro).

Al Pepe le correspondieron 8.000 pesos por su transferencia a la Argentina. Destinó el grueso de esa plata para refacciones en Ipiranga, modesto club de la zona donde vivía. Con el dinero sobrante compró diez corderos para asar en las calles de Aires Puros, el barrio donde se había criado. Imaginate los aromas de aquella noche, con tantas carnes a las brasas.

Sasia 2

Delantero central o inside en una época con mucha tripulación del medio hacia delante, José sumó 13 presencias y tres goles en las 30 fechas del torneo. Ese bajo protagonismo y el interés de Peñarol -primer campeón de la Libertadores- aceleraron su regreso a Uruguay. Uniformado de Manya, al cabo de una temporada inolvidable, fue campeón local, de América (perforó la red de Palmeiras en el 1-1 como visitante) y del mundo, con doblete suyo en el desempate vs. el Benfica de Eusebio.

Del paso de Sasía por el Aurinegro quedaron registros épicos, batallas legendarias durante una década en que la Copa era un repertorio de agresiones salvajes sin castigo, sospechas de doping y arreglo de jueces. Casi, casi, como ahora, pero sin VAR para advertir penales con el resultado cero a cero.

Frente a la hinchada de Olimpia se puso a comer una naranja antes de patear un penal. Contra Santos rompió una de las tantas botellas que le habían tirado para mostrársela, amenazante, a los torcedores que invadieron la cancha. En la final del 65 le arrojó tierra en los ojos a Santoro, arquero de Independiente. “Tenía en la sangre la bronca del corralón / José Sasía, amigo fiel / cara de murga, nariz de rey / alma de guapo, voz de gorrión”, le cantó Jaime Roos.

Acá apenas dejó un breve recuerdo. Al lado de Roma, Rattin, Marzolini y Grillo habrá entendido, con esa sabiduría de los que aprenden a hacerse hombres desde pibes, que Boca se las iba a arreglar sin él.

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más noticias

¡Vuelve Boca!

El Xeneize regresará a la acción después de seis meses de inactividad y en MuyBoca palpitamos el partido ante Libertad con un nuevo podcast.

Son todos Boca: Juan José López

«Son todos de Boca» es la columna que recorre ídolos de otros clubes que tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy es el turno de Juan José López.

Así llegan

A días del reinicio de la Copa Libertadores te contamos la actualidad de los tres rivales de grupo que tendrá que enfrentar Boca para asegurar un lugar en octavos.