Son todos Boca: Juan José López

«Son todos de Boca» es la columna que recorre ídolos de otros clubes que tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy es el turno de Juan José López.

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Por estos días muchos ubicaron en el mapa a Guernica, escenario de una extendida toma de tierras, cabecera del distrito Presidente Perón. En esa humilde geografía de la provincia de Buenos Aires, siete décadas atrás, nació Juan José López, número cuatro entre los que más veces vistieron la camiseta de River. Las comparaciones a veces resultan ilustrativas. Martín Palermo ocupa igual puesto en la tabla de presencias boquenses: tiene estatua. A López nunca se la hicieron, por suerte… Da pavura imaginar el daño que podrían haberle ocasionado las bandas pirómanas intervinientes en los aciagos episodios de junio 2011.

Jota Jota, según la denominación impuesta por el relator José María Muñoz, fue uno de los volantes derechos que engalanaron la década del 70, época del Chino Benítez, Carlos Fren, el Pulga Ríos, Osvaldo Ardiles, el Hacha Ludueña y, seguramente al tope de la lista, Miguelito Brindisi. El primer superclásico de López fue un sábado a la noche en la Bombonera. Meritorio 0-0: al mes siguiente, aquel Boca se consagraría campeón.

El Negro metió goles en los tres cruces de 1971, los tres en Racing. En el 3-3 del Metropolitano pintaba para figura de una goleada. Su equipo vencía 3-1 y dominaba con holgura a 12 minutos del cierre, pero apareció Rojitas -Ángel de la guarda- e inventó dos genialidades para empatar.

JJ López 3

Siempre al lado de Reinaldo Merlo y Norberto Alonso, crack devenido en un Jacobo Winograd de pantalones cortos, Juan José aprobó el examen de la severa platea San Martín por elegancia de movimientos, justeza en el remate (a Pantera Rodríguez lo sorprendió casi desde media cancha en un 2-2) y comprensión del juego. Solía elogiarlo su maestro, Ángel Labruna: “Es el técnico dentro de la cancha”

Diferencias con el DT Alfredo Di Stéfano y el presidente Rafael Aragón Cabrera lo eyectaron de River al comienzo de 1982. Se fue a Talleres, convencido por Labruna. Los cordobeses entraron en crisis y a JJ le dieron el pase libre. Ya había cumplido 32, una edad que invitaba al retiro en aquellos tiempos. En un mercado deprimido por la devaluación y con la institución sin recursos tras la millonaria inversión hecha por Diego Maradona, al por entonces muy influyente Guillermo Cóppola se le ocurrió que era un gran refuerzo para Boca.

El hombre se animó, ilusionado con el recibimiento. “Esta hinchada pesa. Yo la conozco a la perfección”, le dijo a la revista Estadio en su primera entrevista como jugador del club. La gente lo recibió con honores desde su debut: 2-1 a River, casualmente, en un amistoso de verano. Jugó 38 de los 50 partidos oficiales de 1983, incluidos dos superclásicos (victorias 2-1 y 1-0). Anotó media docena de goles, dos que fueron prueba de su vigente calidad al entonces poderoso Independiente. Fue una temporada conflictiva para el Xeneize, con cinco entrenadores de enero a diciembre.

López continuó en el Argentinos de Batista y Borghi, campeón de América y alto contendiente de la Juventus de Platini en la memorable Intercontinental de 1985 (acertó el penal en la definición). Sus últimas dos temporadas como futbolista fueron en la B Nacional, con la casaca celeste de Belgrano. Quizás haya sido una señal premonitoria que él no supo ver.

Como habían vaticinado sus conductores y compañeros, se dedicó a la dirección técnica. Es la etapa más difundida y menos feliz de su historia.

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