Son todos de Boca: Osmar Corbatta

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. En esta ocasión, hablaremos de Osmar Corbatta, tan ídolo de Racing que hasta tiene su calle al lado del Cilindro.

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Los cronistas escribían Omar Orestes, alterando el orden de los nombres y la ubicación de una letra, pero Oreste Osmar Corbatta no podía corregirlos: él nunca aprendió a leer. Su única habilidad fue con la pelota, tanta tuvo que le alcanzó para ser considerado el mejor wing del fútbol argentino.

Origen humilde en Daireaux, oeste de la provincia de Buenos Aires; familia y privaciones numerosas, vida de potrero y Loco de apodo, Corbatta fue descubierto por algún observador errante en la Liga de Chascomús. Racing lo trajo en 1955. Fue dos veces campeón argentino con la Academia (58 y 61) y otras dos campeón sudamericano con la Selección (57 y 59). En Arlequín, un documental sobre la vida de Oreste Osmar, dice Humberto Maschio: “El equipo del 57, que ganó en Perú, fue muy elogiado. Se lo conoció como Los Carasucias, porque éramos mayoría de jóvenes. Todos hablaban de Maschio, Angelillo y Sívori, pero el mejor era Corbatta”.

Corbatita, por su físico menudo y pobremente alimentado de chico, sobrevivió al Desastre de Suecia, la eliminación en fase de grupos del Mundial 58. Él marcó un gol ante Alemania (1-3), uno ante Irlanda del Norte (3-1) y uno ante Checoslovaquia (1-6). En ese torneo brilló el brasileño Manoel Francisco dos Santos, Garrincha, otro puntero derecho capaz de todos los desbordes, dentro y fuera de la cancha.

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A Corbatta le fue mal con las mujeres y peor con la bebida. O viceversa. El primero de sus cuatro matrimonios se disolvió cuando ya era jugador xeneize. Alberto J. Armando pagó 12 millones de pesos en 1963 para que el Loco viniera a gambetear de este lado del Riachuelo. Aquel año, además de incorporar al mayor ídolo de Racing, Boca tenía a una gloria de Independiente, Ernesto Grillo; al máximo goleador de San Lorenzo, José Sanfilippo, y como DT a un integrante de La Máquina de River, Adolfo Pedernera. Como vemos, son todos de Boca.

Entre sus notables destrezas futbolísticas, el Loco Osmar era un eximio ejecutor de penales. Asumió la responsabilidad, tarea menor para él, durante su etapa azul y oro. El 19/05/63, por la cuarta fecha del campeonato, un hábil y encarador debutante de 18 años, Ángel Clemente Rojas, provocó dos foules dentro del área. Corbatta cobró con éxito ambas faltas y agregó otro gol para completar el amplio triunfo por 3-0. “Opaca labor de Boca Juniors”, tituló el diario La Nación. Si se equivocaban en el nombre de los jugadores, mucho menos iban a hablar bien de Boca…

Para recuperar parte de la millonaria inversión realizada a principios de año, el club organizó una gira a Europa en diciembre de 1963 que incluyó, entre otras, victorias sobre Barcelona, Nápoli, Inter y Stuttgart. Una recepción en la embajada española terminó por confirmar que el alcoholismo de Corbatta constituía un problema serio. “Desde ese momento, Carmelo Simeone compartió habitación con él y se ocupó de que no tomara”, cuenta el periodista Alejandro Wall en una minuciosa biografía del crack.

El Loco integró la nómina del granítico bicampeón 64/65. A mitad del segundo torneo, después de haber convertido de penal en el empate con Gimnasia, embarcó hacia Colombia. Lo llevó el bahiense José Grecco, entonces técnico del Independiente Medellín y de fugaz paso por Boca a fines de los 40.

En Colombia se recuerdan con admiración sus caricias a la pelota, su inventiva sobre la raya. También en San Telmo, donde formó dupla con Carlos Pandolfi, o en ligas del Alto Valle, última estación de su largo recorrido en el fútbol. Acabó sus días debajo de la tribuna de Racing, dueño apenas de sus recuerdos. Murió en 1991, a los 55 años. Ya en este siglo, la callecita Cuyo fue rebautizada en su honor. Seguramente para evitar errores de grafía en los carteles, ahora se llama, a secas, Pasaje Corbatta.

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