Son todos de Boca: Almir

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy toca revivir el paso del brasileño Almir, el irascible compañero de Pelé en el Santos multicampeón.

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El campeón carioca de 1957 fue Botafogo, con los estelares Garrincha, Nilton Santos, Didí y Zagallo. Al año siguiente se consagró el Vasco da Gama de Bellini, Orlando, Vavá y Almir. El entrenador Vicente Ítalo Feola, más afecto a la buena mesa que a los pizarrones, llevó a siete de esos ocho al Mundial de Suecia. Como de 10 tenía al aún adolescente Pelé, resolvió excluir de la lista al también joven Almir.

Feola vino a Boca en 1961 y, para teñir de verde y amarillo a una formación donde ya sobresalía el goleador Paulo Valentim, convenció a Alberto J. Armando de que contratara al defensor Orlando Pecanha de Carvalho, al volante Dino Sani (ya merecerá un capítulo) y a los delanteros Mauro Raphael Maurinho y Almir Moraes de Albuquerque. En su primer partido juntos, Maurinho y Almir anotaron los tantos del 2-0 a Independiente.

Apodado Pernambuquinho, en honor al estado norteño donde nació, Almir combinaba guapeza con habilidad, levantaba a la gente y enardecía a los contrarios. De Argentina se fue a Italia, invirtiendo la ruta de tantos inmigrantes, y desde allí volvió a Brasil para  reforzar al Santos de O Rei. Se lo llegó a considerar el Pelé blanco, otra exageración propia de los vecinos que, sin embargo, se acercó a la realidad en 1963.

Almir MuyBoca

Santos -vencedor de Boca en la Libertadores- y Milan -triunfador ante Benfica en la Champions de entonces- disputaron la Intercontinental de aquel año. Los italianos fueron muy superiores en el San Siro: 4-2. Pelé, autor de los goles visitantes, sufrió la recia marca de Giovanni Trapattoni y terminó lesionado. Almir lo sustituyó en la vuelta, con 132.728 entradas vendidas en un Maracaná bullente. Dirigidos por Yiyo Carniglia, destacado jugador de Boca en los 30/40 y frustrado manager en la década del 80, los europeos sacaron ventaja de 2-0 a los 17 minutos. Bajo la lluvia, Santos fue una aplanadora en el segundo tiempo. Almir, con una asistencia y un gol, lideró la reacción para concretar en un cuarto de hora el milagroso 4-2 que llevó la serie a tercer partido.

Pese a que los rossoneri protestaron su actuación en la revancha, el argentino Juan Regis Brozzi arbitró el desempate en la misma cancha. Santos se impuso 1-0 con un penal de Dalmo, tras falta del capitano Cesare Maldini contra un imparable Almir. La foto del vestuario campeón fue el abrazo agradecido de Pelé a su reemplazante.

¿Por qué Boca dejó ir a un futbolista de esa calidad? Porque Almir no solo era capaz de gambetear a una defensa completa, sino de agarrarse a trompadas contra un equipo entero. El 25 de marzo de 1962, por la primera fecha del torneo, Boca recibió a Chacarita. Iba 2-1 con doblete del debutante Beto Menéndez cuando, a diez minutos del cierre, se armó una peor que la de Di Zeo y compañía contra alias Pajarito. Almir, cansado de que lo sacudieran desde el comienzo, inició una batalla que acabó con media docena de expulsados. Fue su última presentación oficial con la azul y oro. Aseguran testigos de la reyerta que aquella tarde se lo despidió con una ovación. Almir traía antecedentes de haber protagonizado grescas semejantes, por ejemplo el Brasil-Uruguay del Sudamericano 59. La mayor de todas ocurrió en la final del Carioca 66: jugaba para Flamengo, perdía 3-0 con Bangú y se enfrentó a piñas y patadas con los 11 rivales.

Su ocaso fue temprano. El periodista Fausto Neto, que había hecho amistad con él, logró que Almir revelara episodios oscuros de su carrera en una serie de notas que tomaron cuerpo de libro: Eu e o futebol (Yo y el fútbol). Allí habla de los episodios de violencia, casos de doping, denuncias de sobornos… La portada de la publicación lo muestra ya sin pelo, con el rostro hinchado, casi irreconocible, con un look parecido al de Marlon Brando en Apocalypse Now.

El 6 de febrero de 1973, mientras tomaba sus diarios copetines en un bar de Ipanema, intervino en una pelea y lo mataron de un balazo. Tenía 36 años. Una pena: la Bombonera se quedó con ganas de cantarle y ya lo ve / y ya lo ve / es el hermano de Pelé.

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