Son todos de Boca: Alberto Acosta

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. En esta edición hablaremos del Beto Acosta, un símbolo de San Lorenzo y verdugo de River.

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A principio de los 90, en ocasiones sin merecerlo según dicen algunas crónicas, Boca festejaba seguido en la cancha de River. Aun con esa estadística, el entonces nómada San Lorenzo de Almagro eligió esa sede para el partido por la séptima fecha del Apertura 92. A poco más de diez minutos del cierre, Alberto Federico Acosta sacudió el primer palo de Navarro Montoya con un latigazo de derecha. Ninguno de sus compañeros capitalizó el rebote. En la contra, un remate medido de José Luis Villarreal pegó en uno de los postes del arco de Labarre. Apareció en cámara Roberto Cabañas y, con una suavidad impropia de su estirpe guaraní, marcó el 1-0. Pese a no haber convertido en aquella víspera de primavera, Acosta –centro atacante combativo, mañoso, oportunista, surgido de Unión- se consagró máximo anotador del torneo.

Envalentonados por el título local después de 11 años y la recuperación de un club que habían tomado casi en la ruina, Antonio Alegre y Carlos Heller buscaron aumentar la calificación del plantel xeneize. Trajeron a Alejandro Mancuso, titular en Vélez y suplente de Fernando Redondo en la Selección. Habría otro refuerzo estelar, acercado por un empresario que alentaba el sueño nunca cumplido de candidatearse para presidente de Boca: Luis Legnani -de fluida relación con Francisco Jorge Fernando Miele, por esa época titular de Casla- aportó dos millones de pesos/dólares para sumar los goles de Acosta.

No hace falta tirar rabonas con el resultado ya definido para que la gente de San Lorenzo se irrite cuando uno de los suyos viene de este lado. A estas alturas debería ser algo común, propio del ejercicio profesional de la actividad, pero no termina de aceptarse. Y eso que cuatro de los cinco artilleros históricos de la institución (José Sanfilippo, Rinaldo Martino, Héctor Scotta y el Beto) se pusieron la azul y oro. 

De acuerdo con el diccionario enciclopédico de fútbol editado por el diario Olé, Acosta “fracasó en Boca. El autor de tan contundente frase tal vez haya olvidado que el santafesino de Arocena disputó nueve clásicos ante River (récord 6-2-1) y metió media docena de goles. O quizás justamente esos números le generaron un rencor imposible de disimular en su redacción.

Aunque a muchísimas otras incorporaciones rutilantes les costó adaptarse, Acosta puede esgrimir una excusa adicional: sufrió las consecuencias de la primera gran crisis mediática de nuestra institución. A tres meses de concretada la vuelta olímpica, nos enteramos de una división irreconciliable entre Halcones y Palomas. Otro Beto, Márcico, lideraba uno de los grupos en pugna. Como había sido su compañero en Francia, el recién llegado supuestamente pertenecía a ese bando. Tiempo más tarde, el mismo Acosta se desvinculó de la interna: «Yo estaba bien con todos”. Fue dirigido por cinco entrenadores durante sus 15 meses en Boca: el Maestro Tabárez, Patota Potente, el Profe Habegger, Quique Hrabina y el Flaco Menotti (interinos el segundo y el cuarto). Su foja de servicios incluye 55 encuentros y 18 tantos, incluidos oficiales y amistosos.

Entre varias anécdotas, su biógrafo Marcelo Máximo recuerda una sucedida en el a veces peligroso hall del Estadio Liberti. Acosta había hecho el 1-0, seis minutos luego de su ingreso por Polillita Da Silva. Le tocó ir al control antidoping. Cumplió el trámite, salió distraído en dirección equivocada y, de golpe, se vio rodeado por simpatizantes del perdedor. Uno le arrojó un vaso de gaseosa y una trompada. Con dificultades, cargando un bolso, el Beto se subió al micro de la delegación. Al rato se acercaron unos policías que habían detenido al agresor. “¿Lo va a denunciar?”, consultó un efectivo al delantero. “No, déjenlo ir. Ya tuvo bastante con el partido”, lo indultó el goleador.

Tras una campaña que registró exitosos pasos por Chile, Portugal y Japón, Acosta se retiró a los 37 años. Tuvo un fugaz retorno en Fénix, junto a su hijo Mickael. Un día le preguntaron a Beto qué jugador de los nuevos se parecía a él. Su respuesta sonó grata a los oídos boquenses: “Por cómo sabe aguantar la pelota, Carlitos Tevez.

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