Son todos de Boca: Carlos Biasutto

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy recordamos a Carlos Biasutto, top 5 en presencias en el fútbol de Primera A.

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Hubo una época, entre finales de los 60 y principios de los 70, durante la cual Boca promovió a buenos arqueros de sus divisiones inferiores. El más alto exponente de aquellas camadas fue Rubén Omar Sánchez, debutante en Primera a los 21 años recién cumplidos, campeón con el cuadrazo de Alfredo Di Stéfano a los 24 y titular en la Selección a los 25.

En el arranque de 1975, tras un enfrentamiento por cuestiones salariales, Alberto J. Armando separó del plantel a cinco referentes, entre ellos a Sánchez. El ya experimentado arquero volvió a su puesto en la tercera fecha, pero actuaciones deficitarias y aquel enfrentamiento con la autoridad precipitaron su salida y le dieron la chance al canterano Enrique Bernardo Vidallé. Quique no lo hizo mal en un Metropolitano donde Boca completó una rueda invicto. Para el Nacional, su último torneo al mando del equipo, el técnico Rogelio Domínguez trajo desde Central a Carlos Ángel Biasutto.

Formado en Atlanta, otra destacada escuela del puesto más ingrato, Biasutto atajó las 16 fechas de aquel certamen y recibió 31 goles, un promedio inadmisible para los severos parámetros defensivos de la institución. Era aquel un Boca sin equilibrio: ganó ocho y perdió ocho. Hasta el Tarzán Roma de los mejores tiempos habría sufrido con esos planteos de palo y palo, a todo o nada.

Llegó Juan Carlos Lorenzo y empezó a reconstruir de atrás para adelante. Al arco, Hugo Orlando Gatti. Lo conocía desde el Mundial de Inglaterra y venía de dirigirlo en un sorprendente Unión. Biasutto pasaba a ser suplente. Vidallé emigró, iniciando un largo recorrido que alcanzaría su cumbre, casi una década después, con el Argentinos Juniors campeón de América. Como tercera opción estaba Roberto Antonio Del Prete, otro juvenil de La Candela.

Gatti es uno de los pocos casos de ídolo que logró tal condición antes de jugar en Boca. La gente lo ovacionó desde que en el primer amistoso en la Bombonera, llena para verlo, bajó un centro; apoyó la pelota en el piso, dio una vuelta carnero y salió jugando. La rompió en una gira de la Selección por Europa, cuyo segundo partido coincidió con el golpe del 24 de marzo y cuya transmisión significó el único intervalo del día en medio de los comunicados de la Junta Militar.

Biasutto MuyBoca

El Loco venía de brillar en un 4-1 de Argentina a Uruguay cuando fue de visitante a la cancha de Independiente. A los 13 minutos, fiel a su característica, dejó el resguardo de los palos para ir a anticipar a Daniel Astegiano. El delantero lo golpeó y le produjo una fractura de mandíbula. Hugo se retiró en camilla, chorreando sangre. Desde la tribuna local atronó un conmovedor “¡Gatti corazón / Gatti corazón!”. Fue la primera de tantas ovaciones que recibiría de las hinchadas contrarias.

Entró Biasutto, número 12 en buzo y pantaloncito, recibido con desconfianza propia y burlas ajenas. Sobre el final de la primera etapa le atajó un penal al Chivo Pavoni, lateral uruguayo con un cañón en la pierna izquierda. El partido terminó 1-1. Carlos parecía haber recuperado la fe en sí mismo, pero el Boca de Lorenzo todavía se hallaba en etapa de ablande. Una derrota 5-1 ante Central (tres de Mario Kempes) aceleró la vuelta de Gatti, a menos de un mes de su gravísima lesión.

Ya en el tramo decisivo, Hugo faltó una noche contra Gimnasia. Biasutto se comió dos. La inspiración de Toti Veglio -autor de un doblete- permitió volverse de La Plata con un 3-2 vital en el camino al título. Biasutto no lo debe haber festejado: fue su despedida.

Se marchó a Colombia, donde lo bautizaron El Alazán por sus cabellos rubios. Regresó a nuestro país para jugar en Unión y luego en Platense, hasta los 40 años. Es el cuarto futbolista con más presencias en Primera A. Cierta vez, mientras repasaba su extensa campaña, dijo: «En Boca yo fracasé». Olvídelo, Carlos: ha habido peores.

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