Son todos de Boca: Dino Sani

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Esta vez es el turno de Dino Sani, campeón del mundo con Brasil y de Europa con el Milan.

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“Tenía ojos en la nuca y un panorama de la cancha como el de Riquelme”, dice un periodista ya retirado, que en 1961 se deslumbró con el estilo elegante de Dino Sani. “Yo no era futbolista de dribling, sino de pase. Un técnico húngaro, Bela Guttmann, nos había enseñado a jugar a dos toques”, cuenta quien fuera ídolo de San Pablo, campeón del mundo con Brasil en 1958 y de Europa con Milan en 1963. Hoy, a los 88 años, vive en las afueras de la capital paulista y se mantiene activo como emprendedor inmobiliario.

Sani llegó como tantas otras figuras sudamericanas a principio de los 60, cuando Alberto J. Armando creyó que la importación de estrellas garantizaría espectáculos de mayor calidad. Tal vez no haya habido fútbol de altísimo vuelo, pero el hecho incontrastable es que Boca salió campeón bastante seguido para felicidad de su presidente y la mitad del país.

El fino volante compartió plantel con sus paisanos Orlando, Edson, Maurinho, el pendenciero Almir y el artillero Valentim, más los peruanos Víctor Benites Morales (Benites con ese) y Miguel Ángel Loayza. Sani y el polifuncional Benites ganaron la Orejona en un Milan donde se lucían los experimentados Césare Maldini y Giovanni Trapattoni, un juvenil Gianni Rivera y el brasileño José Altafini.

Calvicie temprana, bigote mínimo, vestimenta sobria y vocabulario cuidado, Dino reunía los atributos para la cada vez más relevante función de DT. Empezó en Corinthians, trabajó en varios clubes de su país, tuvo una gestión larga en Peñarol y en 1984, no precisamente uno de los mejores momentos de la entidad, desembarcó en Boca. La dirigencia, con Domingo Corigliano a la cabeza, postergó a dos candidatos naturales (José Yudica y Roberto Rogel) y apostó por una opción extranjera. El contrato, comparado con los valores actuales, suena inverosímil: 25.000 dólares de prima y 2.500 de sueldo.

Dino se presentó al primer entrenamiento en La Candela, un 11 de mayo, con sobretodo. Nunca entró en clima. Si tomamos por válida su creencia de que “en el fondo todo depende de los jugadores”, no deberíamos ser tan críticos de su actuación. En aquel Boca eran titulares algunos muchachos que en otras épocas no hubieran tenido cabida en el banco de suplentes, ni siquiera en los tan numerosos de nuestros días.

Pese a los resultados negativos, la segunda experiencia de Sani en la Argentina dejó una anécdota memorable. Ya a cargo del equipo, fue convocado al ciclo Todos los Goles que emitía Canal 9 y conducían Fernando Niembro, Marcelo Araujo, Julio Ricardo y Dante Zavatarelli. Al cierre de la transmisión, el invitado votaba cuál le había parecido el gol más lindo de la fecha. Nuestro ilustre personaje eligió un tanto de Marcelo Esteban Firpo, tenaz mediocampista de Atlanta. Vino el córner, Firpo le pegó cerca del área chica y su remate superó la estirada del arquero. Bonito gol, con la particularidad de que fue en contra… Dino, probablemente un adelantado, nos envió aquella noche un mensaje: no vean programas de fútbol por televisión, son todos una parodia.

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