Son todos de Boca: Juan José Ferraro

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. En esta oportunidad llega el recuerdo de Juan José Ferraro, ex Vélez que no fue tratado como Mauro Zárate…

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Los albores del profesionalismo inspiraron a cronistas de entonces, probablemente mucho más leídos que algunos actuales, a rebautizar con sobrenombres gloriosos a los cracks. Boca tuvo delanteros explosivos, estridentes: Cañoncito Varallo, el Machetero Benítez Cáceres, el Atómico Boyé (“Yo te daré / te daré niña hermosa / te daré una cosa / una cosa que empieza con B / ¡Boyé!”). A finales de los 40 nuestro club optó por el glamour y la destreza de un centreforward de Vélez, a quien apodaban El Duque: Juan José Ferraro.

Sin redes sociales ni radiales, sin intrusos en las prácticas ni monosilábicos al mediodía, no se armó tanto revuelo como cuando vino Mauro Zárate. Tampoco a José Amalfitani se le ocurrió denunciar maniobras turbias de la dirigencia xeneize. Por el contrario, Don Pepe recibió con gusto 500.000 pesos que entraron por la transferencia y los destinó a concluir el estadio de Juan B. Justo y Barragán.

Ferraro se sumó a Boca con el torneo de 1949 ya empezado. No llegó a reencontrarse con Isaac Scliar: su arribo coincidió con la cesión a Tigre del entreala rosarino, junto a quien había formado una rendidora sociedad en el Fortín. La presentación de Juan José se produjo en el cierre de la primera rueda, de visitante con Lanús. A los 42 minutos anotó el 3-0 con que terminó la etapa inicial. Los locales lo dieron vuelta con una reacción memorable y dejaron al Xeneize en el piso de la tabla. Asomaba una segunda ronda bastante difícil.

Cuatro victorias en fila (Banfield, Huracán, Vélez y River) trajeron calma. Sin embargo, se encadenó igual número de derrotas (Newell’s, Racing, Gimnasia y Chacarita) y Boca afrontó la última jornada con riesgo de descenso: acumulaba 25 puntos, uno más que Huracán y uno menos que Lanús -rival en esa dramática definición- y Tigre.

Boca se adelantó 3-0 como en la ida, el Granate nuevamente descontó y alguno creyó ver fantasmas, pero los milagros no suelen repetirse. Ferraro metió su primer grito en la Bombonera para el tranquilizador 4-1. Francisco Campana -ídolo de Chacarita- agregó uno más. El 5-1 condenó a la visita a un desempate con Huracán. Acabaría salvándose el Globito, luego de una polémica serie de tres matches.

Aliviado, con el apoyo incondicional de su gente (líder en venta de entradas pese a la mala performance) y reforzado por algunas figuras, como el Charro Moreno y el Comisario Colman, el equipo peleó la corona en 1950. Durante esa temporada se vio al mejor Ferraro: en 33 encuentros convirtió 17 tantos, incluido un doblete a su cuadro de origen. Boca se clasificó segundo, detrás de Racing. Jugó poco El Duque en 1951 (apenas siete veces, un gol). Levantó en 1952 (27 y nueve) antes de pegar la vuelta a Liniers.

La revista Vélez lo entrevistó al concretarse su regreso. “A las órdenes de Boca Juniors puse mi honestidad profesional. Luché con toda entereza por la franja amarilla sobre fondo de casaca azul, pero siempre he sido de Vélez”, declaró con un vocabulario que envidiarían Montenegro, Fabbiani y unos cuantos panelistas.

Como tres años antes, Ferraro fue subcampeón en 1953. A su lado había futbolistas de calidad, Ernesto Sansone, Norberto Conde y Osvaldo Zubeldía entre otros. Faltaba Scliar. Al pobre Isaac le fue mal en Tigre y Quilmes: descendió con ambos. Si se quedaba en Boca, seguro que no le pasaba.

Comentarios

  1. Gracias Marcelo. Es muy necesario este lugar, esta página, estos artículos y el laburo de todos ustedes que nos regalan una gran bocanada de aire fresco en esta tormenta mediática tan patética.
    Es (solo) futbol.
    Vamos boca!

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