Son todos de Boca: Pipo Rossi

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy hablamos de Pipo Rossi, ícono de River y DT boquense.

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Imaginemos que un volante de las categorías formativas, antes de disputar un superclásico, pida sacarse una foto con algún mediocampista rival, llámese Javier Mascherano o Juan Pérez. Seguramente sería su último partido en la Primera xeneize. Por suerte, no siempre fue así. La tarde de su debut ante River, el 9 de septiembre de 1956, Antonio Ubaldo Rattín quiso llevarse un recuerdo del centrojás visitante y posó al lado de Néstor Raúl Rossi. Boca ganó 2-1 (tantos de Zubeldía y Senés) y el Rata jugó 14 años ininterrumpidos con la camiseta azul y oro. Cualquier número 5 de aquella época sentía admiración por Rossi, símbolo de su club y baluarte de una Selección hegemónica en el continente. Desde hacía rato que se lo identificaba como La Voz de América, por capacidad de mando y presencia majestuosa en el centro del campo.

Néstor, hincha de Huracán, nació el 10 de mayo de 1925 en Parque Patricios. De pibe se mudó a la despoblada zona norte del GBA. Jugó en Beccar, Acassuso y Platense hasta que Carlos Desiderio Peucelle -autor de un gol en la final del Mundial de 1930, maestro de futbolistas- lo llevó a la banda. Su estreno con los mayores se produjo en 1945. Venía de lucirse en una Tercera donde, según contaba con la verborragia que lo distinguía, Alfredo Di Stéfano era suplente. Transcurrió poco tiempo para que empezara a ordenar a los consagrados. Se enojaba con sus defensores si no le daban la pelota e imponía rigor en la marca de los contrarios.

Con Di Stéfano y su gran amigo Adolfo Pedernera, el que lo bautizó Pipo, emigraron a Colombia en 1949 para sumarse a Millonarios. “Fue el mejor equipo que integré en mi vida”, declararó ya retirado. Cuatro veces campeón entre aquel año y 1953, ese cuadro, donde también brillaron los compatriotas Julio Cozzi y Antonio Báez, quedó inmortalizado como El Ballet Azul.

Regresó al país en 1954 para liderar nuevamente a River y a una Argentina que, envalentonada por los sucesos regionales, viajó a la cita mundialista de 1958 con altas ambiciones. El Desastre de Suecia (humillante 1-6 vs. Checoslovaquia y eliminación en fase de grupos) manchó a una generación de jugadores. Rossi y Amadeo Carrizo fueron los principales apuntados.

En 1965 su compinche Pedernera estaba a cargo del fútbol boquense cuando, camino a La Candela, sufrió un grave accidente automovilístico. Faltaba poco para comenzar el torneo y Adolfo convocó a Pipo. Con la base del campeón 64, más Alfredo Rojas por Paulo Valentim, el flamante DT condujo al Xeneize a otro título. Fueron determinantes las victorias en los clásicos: 2-1 en el Monumental y 2-1 en la Bombonera, sobre la hora, con gol de Beto Menéndez, otro de prosapia millonaria. Rossi dejó el cargo en 1966, con cifras destacadas en el plano local (apenas seis derrotas en 58 partidos) y dos frustraciones en la Libertadores.

Crack entre fenómenos, dejó decenas de anécdotas. Ernesto Picot, un moreno y hábil wing de San Lorenzo, le tiró un túnel: “Epa, cuídese… El único negro que hizo historia fue Falucho y lo fusilaron”, le advirtió después de semejante atrevimiento. Aunque como técnico su única vuelta olímpica ocurrió en Boca, es justo valorar algunos aciertos en el ejercicio de la función. En 1974, al frente de un River urgido por la sequía de éxitos, se animó a alinear en Primera a un muchacho que terminaría rompiéndola toda: Daniel Alberto Passarella.

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