Son todos de Boca: Gustavo Albella

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. En esta edición, Gustavo Albella, máximo goleador de Banfield.

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Ajedrez y rugby eran las predilecciones deportivas de Ernesto Guevara, hombre de pensamiento y acción. El fútbol no estaba en su amplia lista de intereses pero, argentino al fin, tampoco se privaba de opinar sobre la materia: “El mejor que he visto es uno de Alta Gracia, Gustavo Albella”. Guevara vivió tramos de la infancia y la adolescencia en ese pueblo cordobés, con la expectativa familiar de que el clima serrano aliviara sus crónicos problemas respiratorios.

Albella (1925-2000) empezó a jugar en 25 de Mayo, modesto club presidido por su padre, aunque no por la ventaja que suponía el lazo parental. Inicialmente arquero, anduvo por varios clubes de la zona hasta que su equilibrada mezcla de fuerza y habilidad en el centro del ataque despertó la atención de Talleres.

El 12 de octubre de 1944, como sucedía con frecuencia en feriados de esos años y posteriores, Boca se presentó en el Interior. Aquella vez fue en La Docta y resultó un paseo… del rival. Un iluminado Albella -autor de dos goles- lideró a la T en un contundente 7-3 ante el campeón argentino, el que había desactivado a la promocionada Máquina.

Boca decidió invertir en la contratación de ese joven cordobés, por más que el consagrado Jaime Sarlanga llenara todos los formularios de un número 9. Albella formó como titular en cuatro oportunidades y anotó dos veces (a Ferro y Atlanta) en el torneo de 1945. Le costó la adaptación a la gran ciudad y, además, ese año hizo el servicio militar. Un teniente de apellido Lúpiz, entre mates e imaginarias, lo convenció de que probara suerte en Banfield.

En el Taladro totalizó 136 tantos, incluida una decena a Lanús. Aún hoy es el máximo goleador del club. Segundo viene Rafael Sanz, otro de antecedentes xeneizes, habitual relevo de los cracks Roberto Cherro y Delfín Benítez Cáceres en el demoledor quinteto ofensivo de la década del 30.

Gustavo, apodado Pitique, integró el Banfield de 1951 que peleó mano a mano con el estelar Racing de entonces. Se dio el gusto de salir campeón en Brasil con San Pablo y fue dos veces goleador en Chile con Green Cross. Sus últimos registros son en Brown de Adrogué.

Distintas páginas le acreditan alrededor de 250 conquistas en menos de 300 encuentros, un promedio impactante. Peinado a la gomina con raya a un costado, bigote fino y piernas curtidas en el roce con defensores bravos. Albella no habrá sido el mejor de todos, pero podemos admitir que algunos argumentos tenía el Che Guevara.  

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