Son todos de Boca: Héctor Horacio Scotta

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. En esta edición, el Gringo Scotta, otro emblema de San Lorenzo.

Con una paciencia mal vista en este fútbol donde se cuestiona hasta a los campeones, el Puma Armando mantuvo tres años como técnico a Rogelio Domínguez. El ex arquero de Real Madrid desplegaba un 4-3-3 súper ofensivo, sin volante de marca y con laterales que subían todos los tiros. Si bien quedaron goleadas inolvidables en el recuerdo, incluidos un par de 5-2 en superclásicos, ninguna copa adornó las vitrinas.

Algo similar le había sucedido en el San Lorenzo de 1971, capaz de bailar a Racing o Huracán y de perder como local ante Los Andes y Banfield. En tan inestable equipo empezaba a destacarse un joven espigado, de calvicie temprana, traído desde Unión como volante. El DT presintió que la fuerte pegada de ese santafesino de San Justo (a 100 kilómetros de la capital provincial) podría aprovecharse más adelante. “Yo jugaba de 8 y Domínguez decidió ponerme de puntero derecho”, cuenta -agradecido- Héctor Horacio Scotta.

Los wines de ese lado respetaban en aquella época el estilo de Oreste Corbatta, Raúl Bernao y René Houseman, gambeteadores, indescifrables, por algo les decían locos. Scotta fue otra cosa: un cañonero que perforaba redes gracias a sus remates con ambas piernas. También cabeceaba que daba miedo.

Tras aportar seis goles para el campeón del Metro 72, una fractura lo dejó al margen de la formación dirigida por Lorenzo. Hombre de suerte el Toto, Luciano Figueroa -uno de los recambios ofensivos- anotó el único tanto contra River en la final del Nacional y les permitió a los entonces de Boedo festejar dos títulos en un año.

En 1973, con el pelo tupido y los anteojos gruesos, Domínguez asumió como entrenador xeneize. Permaneció en funciones hasta 1975, la temporada consagratoria de Scotta: ¡60 goles! Cuatro fueron al Boca de Rogelio. El Gringo pulverizó así un viejo récord del paraguayo Arsenio Erico, 47 tantos para Independiente en 1937.

César Menotti, ya en la Selección, prefería atacantes de otras características, más hábiles e integrados al circuito de elaboración, pero los números de Scotta volvieron inevitable su convocatoria. Al comienzo de 1976, en un amistoso en Asunción, Argentina venció 3-2 a Paraguay con un hat trick del artillero azulgrana. Sevilla lo vino a buscar y esa transferencia le resolvió un dilema al Flaco: era infrecuente en aquellos tiempos, por costumbre y logística, citar a jugadores de Europa.

Héctor regresó al país en la década siguiente y, luego de una breve actuación para Ferro, volvió a San Lorenzo. La institución no se hallaba justamente en su esplendor: sin cancha, con deudas y un plantel lleno de veteranos. Había zafado angustiosamente del descenso en 1980, pero no pudo evitarlo al año siguiente. Fue el primer grande en irse a la B.

En 1982, convencido por Carmelo Faraone, Scotta se animó al desafío de continuar en la A. Lo hizo en Boca, donde podía estar a salvo de disgustos. Ilusionó en el debut.

Por la primera fecha del torneo, en Rosario, entró a la media hora del segundo tiempo para sustituir a Julio Apariente y a cinco minutos del final, después de aguantar al Patón Bauza, logró el 1-1. Hay registro fílmico de ese gol a Central y del que le convirtió a Estudiantes. Fueron sus únicos gritos con la azul y oro.

Su carrera continuó en el ascenso: Armenio, All Boys, Chicago, Dálmine, San Miguel y Estudiantes de Caseros. Ya retirado, en una nota le preguntaron por los defensores más difíciles que había enfrentado. Nombró al uruguayo Elbio Pavoni, áspero número 3 del Independiente más copero, y a dos centrales boquenses, Miguel Nicolau y Roberto Rogel. Tal vez conservó alguna simpatía por estos colores.

Comentarios

  1. Como se decía en esa época, el Gringo «le pegaba con un fierro» a la pelota. Le gustaba el arco y si mal no recuerdo en alguna ocasión rompió la red!

    Cuando llegó a Boca en 1982, empezaban las épocas bravas para nosotros, por las deudas que había, las quiebras económicas… creo que al año siguiente por poco nos quedamos sin la Bombonera…
    Saludos!

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