Son todos de Boca: José Manuel Moreno

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy, una historia imperdible: la del Charro Moreno.

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Cuna humilde, identificado con Boca, malabarista de la pelota, admirado por compañeros y adversarios, incomparable en México, peregrino de la noche, marido pecador, influencer que no necesitaba redes, técnico sin pizarrón, final abrupto y temprano: por compartamientos dentro y fuera de la cancha, José Manuel Moreno fue el Maradona de su tiempo.

José nació y se crió en La Boca, hinchaba por los colores y rompía alpargatas jugando en plazas del barrio. Fue a probarse al club y algún distraído no percibió sus formidables condiciones. Terminó aprovechándolo River, como engranaje de una Máquina (Muñoz, él, Pedernera, Labruna y Loustau) con más prensa que resultados. De esa etapa vienen las anécdotas de las agitadas vísperas de partido, de giras por las tanguerías céntricas, rodeado de bebidas caras y compañías embriagantes, o viceversa. Y de almuerzos domingueros con dos o tres platos de tallarines o ravioles, antes de que especialistas en nutrición revelaran las ventajas de ingerir hidratos en las horas previas a la competencia.

Después de algunos conflictos con la dirigencia millonaria, en 1946 emigró a México. Allá fue ídolo absoluto, a la altura de Cantinflas o María Félix. Volvió a la Argentina, se fue a Chile tras la huelga de 1948 y en 1950, con 33 años que eran muchos para la época, cumplió el sueño infantil de ponerse la azul y oro. Boca salió segundo, detrás de un Racing demoledor. La delantera González, Moreno, Ferraro, Campana y Busico tuvo algunas actuaciones brillantes: 5-1 a Central, 4-0 a Quilmes, 4-1 a Vélez, 3-0 a Independiente… Debe recordarse que, en la temporada anterior, el equipo se había salvado del descenso en la última fecha.

La carrera del Charro -apodo que importó desde México- continuó en Uruguay y Colombia. Fue campeón en cuatro países, un dato que no olvidaba mencionar en las entrevistas. Por algo también le decían El Fanfa.

Incursionó como DT y en ese papel regresó a Boca, en 1958. Armó una formación muy ofensiva, con Motoneta Nardiello, el uruguayo Ambrois, el Ropero Mansilla, Yaya Rodríguez y el Piojo Yudica. La performance cumbre del quinteto fue el 19/05/59 en la Bombonera: un memorable 5-1 a River.

«El PF nos quería hacer correr, pero Moreno no le daba bolilla. Los entrenamientos de la semana eran picados. Él jugaba, por supuesto. ¡Y cómo! Fue el mejor futbolista que vi en mi vida. Pelé, que surgió por entonces, se le parecía”, recuerda hoy desde su casa en Parque Avellaneda el Tano Sergio Américo De Gioia, 83 años, contemporáneo de Rattín y estoico defensor de un cuadro que miraba más el arco de enfrente.

José falleció en 1978, pocos días después de la Intercontinental en Alemania. La habrá festejado seguramente. Cuentan que en su primer clásico, por la Copa de Honor de 1936, se quejó después de una entrada fuerte de Varallo. “Callate, mocoso”, le gritó el goleador xeneize. Tras concluir el encuentro, Pancho se acercó al rival para disculparse. La respuesta de Moreno, un pibe de 19 años, merece ser cierta: “Cómo no lo voy a perdonar, si soy hincha de Boca y tengo una foto suya en mi pieza”.

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