Son todos de Boca: Raimundo Orsi

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy toca Raimundo Orsi, campeón del mundo con la Italia de Mussolini.

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Aunque desde hace tiempo el vínculo de Boca con la Selección sea distante, las contribuciones del club a nuestra principal representación deportiva han sido valiosas. Casi tres cuartos de siglo antes que Tevez, Domingo Alberto Tarasconi fue máximo goleador en unos Juegos Olímpicos, los de Amsterdam, donde Uruguay se colgó la medalla dorada.

Tarasca, así nombrado en un tango, compartió equipo en la capital holandesa con famosos cracks del período amateur. Entre otros estaban Ángel Segundo Médici y Roberto Eugenio Cherro, medio derecho e inside izquierdo de Boca; Luis Felipe Monti, centre half de San Lorenzo, y Raimundo Bibiani Orsi, explosivo wing zurdo de Independiente.

Orsi formó una recordada delantera del Rojo en los 20, junto al uruguayo Zoilo Canaveri, Alberto Lalín (tío de Daniel, aquel extrovertido presidente de Racing), Luis Ravaschino y Manuel Seoane. En ocasión de la gira boquense de 1925, Seoane fue cedido como refuerzo. Para medir la magnitud del hecho: fue como si en los 80 se hubiera conseguido a Bochini para realizar unas presentaciones en el exterior.

Monti (alias Doble Ancho, por su corpulencia) y Orsi (Mumo) fueron compañeros en otro plantel de estrellas: el de Juventus en la década del 30. Gracias a la elasticidad reglamentaria de aquel momento, Italia los convocó para integrar su seleccionado en el segundo Mundial. Dos compatriotas, Enrique Guaita (Estudiantes) y Atilio Demaría (Gimnasia), también fueron citados para defender a la Azzurra, anfitriona de la gran cita futbolera y obligada a quedarse con el título. A los cuatro se los identificaba como oriundi. “Vencer o morir”, fue la consigna que bajó Benito Amilcare Andrea Mussolini, líder totalitario y aliado europeo de Adolf Hitler.

La Copa de 1934 se disputó por eliminación directa. Los locales sortearon sin problemas el turno inicial: 7-1 a Estados Unidos. Necesitaron de dos partidos para dejar en el camino a España (1-1 y 1-0). Superaron de forma igualmente ajustada a Austria (1-0) y se vieron con Checoslovaquia en la definición, en Roma, sede del Stadio del Partito Nazionale Fascista. A cuatro minutos del cierre los visitantes iban 1-0. Empató Orsi y, ya en el alargue, Angelo Schiavio convirtió el tanto de la victoria. Monti, protagonista cuatro años antes con Argentina de la final en Montevideo, acuñó una frase de antología: “En la del 30 nos mataban si ganábamos y en la del 34 nos mataban si perdíamos”.

Después de conquistar cinco ligas con la Vecchia Signora, Orsi volvió al país en 1936. Tal vez empezó a sentir el olor a pólvora que ya invadía a toda Europa. Aunque nacido en Avellaneda y con pasado en Independiente, eligió a Boca para su regreso.

Disputó 17 encuentros con la azul y oro en poco más de cuatro meses, varios al lado de Pancho Varallo y el Machetero Benítez Cáceres. Apenas marcó un tanto, de penal, en un amistoso con Atlético Tucumán. Tenía 35 años, demasiados para la época. Era un campeón, pero no tan rápido ni poderoso como cuando fue capaz de meterle a Checoslovaquia aquel gol que ayudó a evitar locuras.

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