Son todos de Boca: Renato Cesarini

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy hablamos de uno de los maestros del fútbol argentino: Renato Cesarini.

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Don Osvaldo Onofrio Bramante Ardizzone fue la expresión cumbre del antiguo cronista deportivo. Bohemio, vecino de La Boca y peregrino ilustre de la calle Corrientes, tanguero de alma, con todas las materias cursadas de trasnoche, brilló en la época dorada de El Gráfico. En esa revista comentaba los partidos principales del domingo y hacía reportajes de seis, ocho o diez páginas sin apuntes ni grabador. “Quédese tranquilo: yo voy a recordar las cosas más importantes que usted diga”, les explicaba a sus interlocutores.

En 1965, en Palermo, Ardizzone entrevistó a Renato Cesarini, futbolista de los años 20/30 y por entonces DT de River, el equipo que aparentemente mejor jugaba. Boca terminaría saliendo campeón, ¿pero desde cuándo eso es relevante?. Cesarini lo recibió temprano en su casa de Malabia al 1300 y le habló durante casi dos horas (hablaba mucho el hombre) entre cafés y cigarrillos, como si se tratase de una charla de madrugada. Así lo describió la pluma de Osvaldo: “Me pareció uno de esos actores ya maduros… Algo así como un Jean Gabin de este tiempo… El pelo gris, totalmente gris, ondeado, con el mismo corte de los años mozos… Una bata de fina seda, color azul salpicada con pequeños rombos amarillentos y algunas leves tonalidades rojas. Debajo un traje pijama, casi anaranjado. Medias de lana y pantuflas. Estaba recién afeitado. Una toilette mañanera urgente pero preocupada… El anhelo de una madurez que no se rinde, que no quiere rendirse ante ese resabio de coquetería juvenil que aflora en toda la figura… En las uñas brillantes de reciente esmalte, en el grueso anillo dorado que relampaguea en las manos blancas y nerviosas…”.

El Cesarini de esa época, un elegante sesentón, se asemejaba al Ardizzone de dos décadas después, coronel veterano en la joven redacción del diario Tiempo Argentino, pero dejemos de lado el periodismo de periodistas para ocuparnos del personaje central.

El Tano Cesarini nació cerca de Ancona, en el centro de Italia. Vino de pibe a la Argentina, caminó la infancia entre Palermo y Villa Crespo. Fue recibidor en un despacho de maderas, contorsionista en un circo, ferroviario, vendedor, empleado público en el Departamento Nacional de Higiene y volante ofensivo en Alvear, Chacarita y Ferro. Campeón en Italia con la Juventus, volvió a River, se retiró en 1937 e inició una fecunda carrera como entrenador. En el club mudado a la avenida Figueroa Alcorta fue protagonista de dos hitos: dirigió a La Máquina en 1941/42 y al subcampeón de la Libertadores 66. Ya volveremos sobre la segunda de esas actuaciones.

Entre uno y otro episodio trabajó acá, en Italia y México. Su relación con Boca se extendió desde enero hasta septiembre de 1949. Bajo su gestión, el equipo ganó cuatro veces, empató seis y perdió 11. Ni siquiera logró enderezar la marcha con los refuerzos que le trajeron en pleno torneo, entre otros los estelares Francisco Campana y Marcos Busico. En reemplazo de Cesarini llegó Franz Platko, un húngaro que también merece lugar en esta sección: fue arquero y atacante en cuadros de su país, DT de Barcelona, Oporto, Arsenal, Colo Colo y River antes de asumir la conducción de un Boca en crisis (como repiten en Twitter: no importa cuando leas esto).

Al margen de aquel paso en falso, Cesarini hizo escuela en nuestro fútbol. Algunos de sus últimos jugadores de River, con el Indio Solari al frente, fundaron en Rosario un club con el nombre del admirado maestro. Javier Mascherano ha sido el valor más notable de esa cantera.

En la final copera de 1966, en el tercer y definitorio cruce con Peñarol, sacó a un defensor (Saiz) y puso a un delantero (Lallana) con el parcial 2-0. Los uruguayos empataron en los 90 y lo dieron vuelta en el alargue. “Yo me equivoqué, pero a mí me traicionaron”, dijo Cesarini tras el 2-4 en Chile. ¿Se refería a Matosas y Cubilla, los orientales del plantel de River? Nunca identificó a los infieles.

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