Son todos de Boca: Víctor Benítez Morales

«Son todos de Boca» es la columna histórica que recorre ídolos y emblemas de otros clubes que también tuvieron su paso por el Xeneize. Hoy toca Víctor Benítez Morales, uno de los mejores jugadores peruanos de la historia.

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En el ranking de los mejores marcadores derechos de la historia del club, Carlos Sosa, Vicente Pernía y Hugo Ibarra son candidatos indiscutidos al podio. Algún nostálgico de la década del sesenta tal vez proponga a Carmelo Simeone, el Cholo original, fuerte y expeditivo. Antes de su llegada desde Vélez, junto con el wing Eugenio Callá, hubo otro número 4 destacado: Víctor Benítez Morales, limeño, de fina técnica, considerado aún hoy uno de los más grandes futbolistas peruanos de todos los tiempos, al nivel de Teófilo Cubillas, Claudio Pizarro y Paolo Guerrero.

En compañía de los brasileños Edson dos Santos y Paulo Valentim y de los uruguayos José Sasía y Walter Davoine, Benítez integró una nutrida comitiva del Mercosur que arribó al puerto boquense después del Sudamericano de 1959. De apodo Conejo, debido a la dimensión de sus incisivos, era capaz de desempeñarse con igual eficacia como volante por los costados o zaguero central: “Menos la portería, ocupé todos los puestos”, suele enorgullecerse en las entrevistas. Jugó 28 de los 30 partidos del torneo de 1960. Tuvo como entrenador al antes citado Lucho Sosa, quien seguramente le habrá transmitido algún conocimiento sobre la posición de lateral.

El 6 de agosto de 1961, en un encuentro válido por la duodécima fecha, inauguró el tanteador ante River. Empató el brasileño Moacir; Valentim volvió a adelantar a Boca con un remate desde fuera del área y, a siete minutos del cierre, igualó el español Pepillo. Fue la única vez que cuatro extranjeros metieron goles en un superclásico. Y hasta el momento es también la única vez que convirtió un peruano. Josepmir Aarón Ballón se sentó en el banco millonario en el cruce del Clausura 2011, pero no ingresó.

Benítez acredita otra medalla: fue el primero de sus compatriotas en lograr una Copa de Europa, la actual Champions League. En 1963, luego de haberse consagrado campeón con Boca, integró el poderoso equipo de Milan (Maldini padre, Trapattoni, Altafini y Rivera, entre otros) que venció 2-1 en la final al Benfica de Eusebio.

Aunque la hinchada no le cantó “es el peruano y su ballet”, como al formidable Julio Guillermo Meléndez Calderón, Víctor fue muy querido por la gente. Y por más que no tuviera la pegada de Nolberto Albino Solano ni haya sido partícipe de la conquista de dos Libertadores, como el silencioso José Antonio Pereda Maruyama, dejó un lindo recuerdo en la institución. Carlos Zambrano debe honrar los antecedentes de Benítez si aspira a que, efectivamente, se lo considere un defensor de verdad.

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