¿Qué jugador pierde Boca sin Tevez?

La salida de Carlos Tevez es un mazazo para el corazón de los bosteros. Los nenes lo tienen como referente y para los nacidos en la década del 90 representa el fin de una era. Pero volviendo al 2021, ¿cómo se verá perjudicado Boca con su ida?

Desde la llegada de Russo, Tevez se reinventó como jugador. Si bien había convertido 16 goles entre 2018 y 2019 -primero con Guillermo y luego con Alfaro-, no terminaba de consolidarse como titular. Miguel lo ubicó al lado de un sacrificado Franco Soldano, con Salvio y Villa como flechas por las bandas y un Pol Fernández articulando los movimientos de la mitad de la cancha.

Tevez fue el emblema de la remontada en la Superliga 2019/2020. Jugó los siete partidos desde el arranque (sólo se perdió 34 de 630 minutos) y convirtió seis goles, incluido el 1-0 a Gimnasia, el día de la consagración. El 10 de marzo fue la última vez que pisó una Bombonera repleta, en el gran triunfo frente a Independiente Medellín por fase de grupos de Libertadores.

La aparición de la pandemia y la consecuente cuarentena estricta lo obligaron a replantearse muchas situaciones. Tras idas y vueltas, con declaraciones polémicas en el medio, finalmente decidió quedarse en el club. Se pensó que el parate por el COVID iba a frenar su gran momento futbolístico, pero volvió más fino en el juego aun, creando varias ocasiones en ataque aunque en los primeros partidos le costó convertir.

La rescisión del préstamo de Pol Fernández lo obligó a participar un poco más de la elaboración del juego, más como un enganche que como un finalizador de jugadas. El problema, que se empezó a evidenciar a finales de 2020 y se sufrió durante gran parte de 2021, es que cuando Tevez baja a armar el ataque, no había nadie para definir.

En sus últimos 16 partidos con la camiseta de Boca hizo cuatro goles: en la goleada 7-1 a Vélez (el gran triunfo del año), en el 2-1 vs Defensa y Justicia, otro en la importante victoria 2-0 a Santos por Copa y su último gol fue esa palomita contra River.

Si extrapoláramos sus recientes aportes futbolísticos a un equipo aceitado, se podría decir que no se lo va a extrañar tanto. Un gol cada cuatro partidos y poca incidencia en el trámite del partido. Pero en el contexto actual de un Boca de rendimientos bajos, donde la esperanza fueron tres pibes con pocos minutos en primera, el nivel intermitente de Tevez fue fundamental.

Boca pierde la inventiva, la chispa de un crack que, a sabiendas de que ya no tiene esa explosión que lo caracterizó durante toda su carrera, aprovechó al máximo sus recursos para generar faltas, capturar rebotes perdidos en el área o habilitar a sus rápidos punteros (Villa y Pavón). Pero claro, con ese sistema de juego y la velocidad de sus compañeros, siempre faltó alguien en el área para definir las jugadas: nuevamente, la idea juego conspiró contra los destellos del 10.

La última imagen no la deseaba nadie: un Tevez desganado, desconectado del partido, sin influencia real y, para colmo, estrellando su penal contra el travesaño. Boca va a extrañar al símbolo, al líder y al ídolo. Pero también sentirá la falta del mejor jugador de la segunda era Russo: 15 goles y 6 asistencias en 41 partidos.

El final no fue acorde a la carrera de crack que tuvo, más por problemas estructurales -armado de plantel y equipo- que por deficiencias propias. Boca deberá rearmarse sabiendo que no tendrá un héroe sobre quien apoyarse. Habrá que construir un plantel capaz de reponerse a las adversidades y que se anime más. Con lo que hay, el desafío es enorme. Sin Tevez, podría ser el momento de Cardona de tomar el rol de líder futbolístico (y de llevar nuevamente el 10 en la espalda), aunque para eso necesitará que su físico lo acompañe. Mientras tanto, Boca despide a su último gran ídolo y a uno de los pocos del plantel que ilusionaba con su rendimiento.

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